A ver qué encuentras...

lunes, 31 de enero de 2011

Imágenes con ideas

Desde que he conocido la web de Montt no puedo pasar sin mi dosis diaria.
Al menos si todos se parecieran sabríamos distinguirlos.


No hay nada tan molesto como los invitados por sorpresa.

Al Dr. Olea nunca le gustaron las agujas.


Hasta la anarkia tiene reglas.

Pd. Nuevamente he participado en Letrinas, no lo diría si no fuera porque me interesa saber vuestro punto de vista del tema que trato, se ve que tengo el día reivindicador y me apetece conocer a quien me empieza a conocer.

domingo, 30 de enero de 2011

¿Angelito?



¿Los buenos son tan buenos?


Pd. Las imágenes son de Albert Montt

jueves, 27 de enero de 2011

Intenciones




A veces las intenciones no cuentan.

miércoles, 26 de enero de 2011

Equilibrio




Hay días en los que realmente...



Me cuesta mantener el equilibrio.





Pd. Se agota el plazo y no tengo nada para presentar al concurso, y realmente me importa un bledo.

martes, 25 de enero de 2011

Han llegado los Ana (parecido a los Oscar)


7:30 de la mañana, entro por la puerta helada (como los últimos días) murmuro un buenos días mientras pienso ¡odio madrugar! (y lo que te queda, morena), tras un par de frases cruzadas con mis compañeros de la puerta, recorro el pasillo y entro a la otra aula. 1 y 2 corren de un lado para otro con una cara de perro poco común en ellas. Me ven y las sonrío intentando dulcificarlas un poco, lo consigo.

-          ¡Buenos días chicas!
-          Hola Ana, ¿qué tal guapa?
-          Hola niña, ¿Cómo vas de lo tuyo? – pregunta que me hace cada día, está más al tanto de mis avances que yo.
-          Bien, como siempre, ¿qué tal andáis?
-          Bien – masculla 2.

Entonces, 1 me mira, después mira a 2 y vuelve a mirarme a mí hasta que culmina diciendo:
- ¿Estás enamorada? – aquí llega mi gran cara de alucino pepinillos
- No que yo sepa.
- Hace unos días que me vengo dando cuenta de que estás muy guapa- repaso mentalmente la coleta mal hecha que me he plantado hoy y la rapidez con la que me he quitado las legañas- y con un brillo especial en los ojos – (toma Gema, para que veas que no solo me pasa contigo) – y llevo unos días pensando Anita, está enamorada. (Ahí es cuando confirmo que esta mujer no sabe hacer macramé, que no tiene crucigramas sin terminar en su casa y que tiene pocas cosas mejores en las que pensar)
- Pues no, 1, no estoy enamorada, al menos que yo sepa. – no sé si mi pasión por Riki Martin cuenta.
- Entonces es que estás embarazada – Cagate lorito lo que me suelta 1. No puedo contener una risotada algo escandalosa mientras salgo del aula esta vez sí, alucinando pepinillos.

Por cierto, he de añadir que una hora más tarde volví a entrar a dejar material y al verme mala cara me preguntaron que me pasaba y contesté que me dolía la tripa, una vaticinó que me bajaría pronto la regla (no sé cuanto es pronto pero mi calendario no dice lo mismo, ni si al bajarme para ellas cuenta como interrupción de embarazo… he preferido no preguntar)

         ********************
Después de esta absurdez de hoy, doy las gracias por el premio otorgado, para mi es el día más importante, más que mi graduación, más que mi nacimiento, el día que mi gran amiga Dama me galardonó.  (Creo que por amiguismos e influencias) Por lo que tengo entendido debo confesar siete secretos, ahí va:

-          Si cuando estoy en un anden, empiezo a caminar en el sentido contrario al rumbo del tren, pierdo el equilibrio (no sé si me he explicado bien)
-          Soy un poco bastante falsa, a veces cuando alguien no me cae bien, también sonrío.
-          Llevo dos semanas bailando en la ducha. (antes inventaba relatos, ahora sólo bailo)
-          Tengo un autógrafo (tenía) de José Luis Moreno.
-          Me tumbo en la cama con la cabeza a los pies y los pies en alto sobre el cabecero.
-          Nunca me creo a un chico. (y nunca me han hecho daño)
-          Cuando voy en el metro, primero miro los pies de la gente e intento imaginar como será, hasta que subo la mirada y lo compruebo.

No sé si servirá pero es hasta donde puedo leer…

Ahora debo elegir 15 blogs. Parte bastante complicada, como mi gran amiga Dama ya ha elegido unos cuantos intentaré no repetirme (no te nomino Dama porque sería un bucle)
4.- Rombo: el blog de rombo
6.- Cris: Pensar mal 
7.- Musicalitera: Momentos de aburrimiento
8.- 7 despropositos uno por día: http://7despropositos1pordia.blogspot.com/
9.- A o M: Mi utopia existe
10.-  Audrey : Aydrey´s Corner
12.- Piccolo cuore: Pequeño corazón
13.- Flamencaire: Sentada en la luna
14.- Lucía Mon Amour: Mi vida no es lo que esperaba
15:- Y vale, repito letrinas... pero... Letrinas
Recordad aquello de ... el orden de los factores no altera el producto.

Pd. Definitivamente debo ser Sagitario, sino, no tiene explicación. Hago las entradas igual de variables que mis estados de ánimo (soy un caos, queda claro)

domingo, 23 de enero de 2011

El cazo de Lorenzo

Hace días que me hablaron de este vídeo, y de otros, que colgaré en Silencio a voces. , no porque no tengan cabida en este blog, que la tienen y tanta o más que en el otro, sino por no repetirme. Pero este, en especial me gustaría compartirlo con todos vosotros, los que echáis un ratillo, ya sea a diario o con la frecuencia que queráis o podáis, leyéndome.
Esta vez yo, no tengo mucho que decir. Lo dice todo un vídeo. Sólo puedo aportar que a mí, me ha hecho sentir y por qué no decirlo soltar un par de lagrimillas, sé que además del vídeo la música ha hecho parte de lo suyo. La canción me encanta desde la primera vez que la escuché. Por lo que os aconsejo que pongáis el altavoz.



A veces no somos conscientes de quién tenemos al lado, de lo que puede necesitar y de qué podemos conseguir con un poco de comprensión, cariño e ilusión.
El mundo está lleno de gente extraordinaria que no solo está con Lorenzo.

Tened un buen día y prometedme al menos que hoy, sonreiréis 5 veces.

Pd. Probablemente ni leas el blog, probablemente ni pinches el enlace, pero en parte te lo dedico a ti, déjame que te regale una mochila para llevar tu propio cazo.

Yo, para ser feliz, quiero un camión.

-          Irene, ¿has elegido ya  lo que quieres para Reyes?
-          Siiiiiii, mamá. ¡Un camión!- dijo Irene ilusionada.
-          ¿Un camión?, ¿por qué no te pides una muñeca? – dijo su madre algo contrariada.
-          Porque quiero un camión, las muñecas son un rollo.

Aquella misma noche cuando Irene y su hermano Diego estaban acostados, Patricia, su madre comenzó a hablar con su marido.
-          Cariño, Irene me tiene preocupada, le pregunté hoy qué quería para Reyes y me dijo que un camión.
-          ¿Un camión?
-          Si, eso dije yo, ¿un camión? ¡Pero si es una niña! Deberían gustarle las muñecas, no los camiones.
-          La verdad es que es algo raro, pero si lo quiere…
-          No, no, me da igual que lo quiera, un camión no lo va a tener. Es una niña y quiero que siga siendo una niña. – contestó Patricia subiendo el tono, su marido se limitó a asentir  en silencio y seguir viendo la tele.

Diego se había levantado al baño y al oír voces, acercó la oreja a la puerta del salón, escuchó la conversación de sus padres y sin mediar palabra volvió a la cama de una carrera.
Una semana después los Reyes ¡habían llegado!, Irene se levantó aún dormida y salió del cuarto con los ojos medio cerrados, corrió a la habitación de Diego y le despertó al gritó:
-          ¡Que ya han venido los Reyes!- despertando así a Diego.
-          ¡Es verdad!, ahora voy Irene, tengo que hacer pis.
-          ¡Vale!, ¡Voy a despertar a papá y mamá!

Irene después de despertar a sus padres se reunió con Diego en el salón, lugar habitual donde los Reyes dejaban todos sus regalos.  Al entrar descubrieron multitud de paquetes tras el zapato de cada uno. Irene buscó el más grande, segura de que allí estaría su apreciado camión, lo desenvolvió en un periquete, pero su cara se entristeció al comprobar que aquello no era un camión sino una casita para la Barbie, siguió abriendo paquetes sin apenas prestar atención a su interior. Cuando llegó al último entendió que los Reyes no le habían traído ningún camión, en su lugar, le habían colmado de muñecas, vestidos, elementos de cocina y demás juguetes que ella no había pedido.

Cabizbaja arrastró los pies a su cuarto, no tenía demasiadas ganas de jugar, al entrar en su habitación comprobó que sobre la cama había un paquete, uno más. Corrió a abrirlo y al retirar el papel sus ojos se abrieron  formando el mismo círculo que su boca, y un pequeño e inaudible ¡Oh! Salió de su garganta. ¡¡Los Reyes sí le habían traído un camión!! Comenzó a gritar como loca, saltó en la cama, y celebró una y otra vez aquel regalo.
Diego y sus padres acudieron a su habitación al oír tanto ruido. Patricia miró extrañada y aturdida a su marido, éste se limitó a encoger los hombros evidenciando que no sabía nada.
Diego se limitó a sonreír. Sin duda era lo mejor que podía haber echo con el dinero que tenía ahorrado. Hacía tan solo dos años que él había descubierto el gran secreto de los Reyes, y ahora se alegraba de saberlo.

Pd. No dejo de tararearla.

jueves, 20 de enero de 2011

Dos horas

  • Mirar el techo
  • Contar las baldosas a lo ancho y a lo largo
  • Contar las sillas.
  • Intentar tocarme la punta de la nariz con la lengua
  • Gastar la batería del mp3
  • Contar 10 bostezos
  • Intentar aprender a aletear las pestañas
  • Quitarme el esmalte de un par de uñas con las otras.
  • Comprobar cuánto puedo abrir la boca y los ojos.
  • Colocarme la camiseta
  • Anudar la bufanda de cuatro formas distintas.
  • Leer
  • Leer que la etiqueta del extintor es de mi pueblo. (No estaba en mi pueblo)
  • Discutir educadamente con la auxiliar.
  • Resoplar 12 veces. 
Mientras esperaba dos horas a solas en una sala de espera a que mi doctora me atendiese.
Odio el Hospital. No me queda ni ná.

miércoles, 19 de enero de 2011

Y ahora, ¿Qué soy?

Me encuentro perdida desde hace un par de días, pocas cosas tenía clara en la vida y una de ellas es que yo soy era la típica Sagitario. Cumplo casi todos los ítems que se nos les adjudica, probablemente más de los que cumpláis los demás.

Sagitario positivo. Alegres (), joviales(), optimistas(), aventureros(x), estudiosos(x), independientes(), necesitan movimiento(), aman la libertad(), normativos(), idealistas(), comprensivos(), justos, adaptables(), vitales(), entusiastas(x), intuitivos(), proféticos(x), orgullosos(), aman los deportes(x)  y la vida al aire libre, honestos.


Sagitario negativo. Dados a la exageración(), extremistas(), descuidados(), irreflexivamente optimistas(), irresponsables, caprichosos(), jugadores(x), charlatanes(), argumentativos(x), imprudentes(x), de moral elástica(x), gusto exagerado por el riesgo(x), glotones(), coléricos(), fanfarrones(), egoistas(), envidiosos(), prepotentes, petulantes.


Pues bien, toda la vida diciendo que era variable, cabezota, impulsiva por el día en el que he nacido. Y ahora van y ¡Zas!, ¡En toda la boca!
 Resulta que Parke Kunkle, el astrónomo de la Minnessotta Planetarium Society dice que no son 12 los singos del zodiaco, sino 13 incluyendo así uno nuevo, Ofiuco. 
Según argumenta en “Los Ángeles Times',  se debería realizar un nuevo cálculo de la órbita. Kunkle afirma "Defino los signos según las estrellas que se encuentran al fondo del sol y la luna". "Ofiuco aparece desde hace tiempo en el cielo y el sol pasa hace miles de años por el portador de la serpiente". Por ello cree que los signos del zodiaco conocidos hasta ahora están obsoletos y deben cambiarse, propone así la nueva clasificación zodiacal.
·                                 Capricornio: 21 de enero al 16 de febrero
·                                 Acuario: 17 de febrero al 11 de marzo
·                                 Piscis: 12 de marzo al 18 de abril
·                                 Aries: 19 de abril al 13 de mayo
·                                 Tauro: 14 de mayo al 21 de junio
·                                 Géminis: 22 de junio al 20 de julio
·                                 Cáncer: 21 de julio al 10 de agosto
·                                 Leo: 11 de agosto al 16 de septiembre
·                                 Virgo: 17 de septiembre al 30 de octubre
·                                 Libra: 31 de octubre al 23 de noviembre
·                                 Escorpio: 24 al 29 de noviembre
·                                 Ofiuco: 30 de noviembre al 17 de diciembre
·                                 Sagitario: 18 de diciembre al 20 de enero

Así que ahora me toca ser Ofiuco, y cambiar mi apreciado centauro por esto, que muy claro no tengo que es, creo que un cazador de serpientes (según he leído por ahí)
 
Según he encontrado por ahí (internete habla de to) ahora resulta que soy así.
Son personas mas emocionales, tiernos (hasta aquí me llama ñoña, creo), con ramales de independencia y de dejarse llevar por lo misterioso, lo enigmático (Juas, pero que no veo al Iker que me acojono) y los viajes. Posee hasta un instinto maternal o paternal de protección al prójimo (por algo me hice profe y no madre), a la naturaleza y a los animales (no me gusta el campo, el barro, los bichos, animales…). Muchos veterinarios, botánicos, ecologistas han nacido en este periodo. (Juas)
Actúan de forma muy impulsiva, son de dejarse arrastrar por los sentimientos y emociones, a veces empiezas cosas que no terminan (ahí si le ha dado
Se adecuaran a lo largo de la vida a variadas cosas más que atarse a un trabajo rutinario (anda que como saque mi plaza voy a cambiar mucho de trabajo) El amor de estas personas es mas romántico, soñador e idealista que carnal o genital (¿Aquí digo lo que pienso de verdad?). No faltará idealización de la persona amada o situaciones.

¿En fin que ahora cómo justifico mi mal humor, mi cabezonería y mi variabilidad? ¿Tú estás contento/a con el cambio?


martes, 18 de enero de 2011

Razones para creer un mundo mejor.

No hace mucho, hablando con alguien me dijo que a menudo valoramos las cosas malas que nos pasan, sin dar importancia a todas las buenas, y todas, son realmente muchas, muchísimas, tantas que si tuviéramos que sentarnos a contarlas acabaríamos saturados (quizás diciendo que contarlas es una cosa mala).
Trasteando por una  web leí un comentario de alguien que recomienda este anuncio. No deja de ser publicidad para vender una marca, pero al menos a mí, me ha robado una gran sonrisa (aunque con esta boca que Ala o cualquier Dios me ha dado, sería un desperdicio una sonrisa pequeña, seguro que a ti, te pasa igual). Dedícate un minuto y treinta y un segundo a leer y sentir.


Es evidente que no son equiparables tanques y peluches o armas y tartas de chocolate, pero la vida no siempre tiene que ser negra, hay muchísimas tonalidades de colores, sólo debes elegir cual te gusta más o si lo deseas usarlos todos. Eso si, no abuses del negro, que estiliza más pero también envejece.


lunes, 17 de enero de 2011

El Efecto Pigmalión

Estudiando el tema correspondiente de esta semana, Personas con discapacidad motora, me he acordado de algo que leí hace años, desde el primer momento me encantó la idea y siempre he pensado que de ser así, muchas cosas mejorarían.
Aquello que no ocupaba más que unas líneas en un viejo libro de la biblioteca era el Efecto Pigmalión, supongo que muchos de vosotros lo conoceréis.


Una antigua leyenda de la mitología griega cuenta que el Rey Pigmalión era un escultor que durante muchos años  buscó a una mujer con la que casarse. Cansado y frustrado del fracaso de su búsqueda decidió no casarse y dedicar su vida a crear esculturas preciosas, creando así Galatea, la más bella de todas. Era tan bonita que Pigmalión se enamoró de ella.

Una noche soñó que Galilea cobraba vida mediante la intervención de Afrodita. Al despertar, encontró Afrodita conmovida por su enorme deseo, ésta le dijo: “Mereces la felicidad, una felicidad que tú mismo has plasmado. Aquí tienes a la reina que has buscado. Ámala y defiéndela del mal” Y fue así como Galatea se convirtió en humana.
Así pues, el Efecto Pigmalión requiere de tres aspectos:

  1. Una persona debe creer firmemente en la capacidad que tiene para conseguir algo propuesto.
  2. Las expectativas y previsiones depositadas en que conseguirá ese suceso animarán a su consecución.
  3. Una profecía autocumplida de una expectativa que incita a las personas a actuar de forma que esa expectativa se convierta en un hecho.
 Debemos tener en cuenta que si estas expectativas y previsiones que depositamos en las personas que nos rodean son positivas  quien nos rodea conseguirá todo lo que se proponga, si por el contrario son influencias negativas, la persona no se sentirá capacitada para conseguirlo y por tanto fracasará.

Esto, lo aprendí en el ámbito educativo, en un aula, la motivación que debemos dar a todos aquellos niños y niñas pero más especialmente a aquellos cuya labor diaria es más costosa de llevar a cabo, con una buena motivación y un ambiente de cariño y respeto serán capaces de alcanzar su potencial.
Tal vez alguno piense que no es profesor o no tratará con niños y no le dé el valor que tiene el Efecto Pigmalión, yo, creo que es importante para todos y aplicable en todas las facetas de nuestra vida. No es imprescindible, pero un buen refuerzo positivo nos hace sentirnos más seguros de nosotros mismos y nos permite actuar sin miedo al error, puesto que pase lo que pase sabemos que los demás estarán ahí.
Todos, hasta el más fuerte o listo, bueno o malo, tiene inseguridades y todos necesitamos que alguien nos recuerde de lo que somos capaces.

sábado, 15 de enero de 2011

Ordenando...

Ordenando mi cuarto (mientras ordeno mis ideas) he encontrado un montón de notas que me dieron mis amigos  y amigas para forrar una carpeta (allá cuando usaba carpetas y las forraba). Entre ellas esta, me ha hecho estremecerme y recordar.

"... y en aquella ciudad- nuestro imperio de recuerdos- quedaron sepultadas las cenizas de un baile de utopías y sueños de un pequeño poeta henchido de versos. Barcelona y su imposible olvido, unas alas curtidas por el paso del tiempo y de la luz, corriente del sentimiento envuelto en rosas rojas regadas con las lágrimas de mi recuerdo"

Por cierto, sigo dando vueltas a por qué aquel chico no tenía sonrisa y lo peor aún, ¿cómo hacer que la consiga?

viernes, 14 de enero de 2011

Viernes!

Por fin, ¡¡Viernes!! para ser la primera semana después de las vacas (las oficiales, porque estuve trabajando durante ellas) no he parado demasiado. Pero por fin, es viernes. Y hoy y el fin de semana tengo ganas de salir, reír, divertirme, cantar y hablar... De quedar contigo, mocosa pochita (no he puesto tu foto porque eres bloguera sino...) y quedar con ...


Pero me da que a pesar de ser viernes pasaré el fin de semana estudiando, leyendo, cosiendo y viendo la tele.  ¿Diver eh?

jueves, 13 de enero de 2011

Psss, psss ven que te cuento...

Bueno, bueno, bueno amigüitos (con la voz de Miguel Martín, que me tiene enamorá). Cambiamos de post, porque entre otras cosas, ése era un “grito” (silencioso) para desahogarme y una vez hecho, no tiene más interés. Agradezco todos los comentarios y mucho.


Post nuevo, sonrisa nueva. Por cierto entrada, que a mí el inglés no me gusta nada. A lo que voy, por estar dónde no debía haciendo lo que no debía me han ofrecido colaborar (muy esporádicamente) en un blog. Me han hecho ojitos y yo, a los ojitos caigo rendida. De modo que he aceptado. Os paso el enlace por si queréis echarle un vistacillo.

http://letrinaheridos.blogspot.com/

Mi primera entrada es una horterada jajajajajaja pero me han insistido en que faltaba un toque femenino, ya he dicho que alguna entrada sobre regla cae.

El blog es bastante completo habla de todo y cuando digo todo, incluye cualquier cosa que penséis.
Bueno espero que os guste, que para ello se lo curran.

Besos a todos!

Pd. Volvemos al sofá.

martes, 11 de enero de 2011

A veces

 
A veces no entiendo a la gente. No sé si soy yo, que soy demasiado exigente, si siempre quiero que las cosas sean como yo las veo, o que no sé querer incondicionalmente. Pero lo que sí tengo claro es que a veces, no entiendo a la gente. Sus reacciones, sus rechazos, yo creo que sin venir a cuento. Tal vez si tengan explicación, pero extrañamente yo siempre las doy pero nunca me las dan.

Para colmo no paro de dar vueltas a por qué tenía un guisante albino en la comida (sí, se nota que comí sola)

lunes, 10 de enero de 2011

Caprichos de la mente.

A veces me pasa, sin darme cuenta, que asocio canciones a algún pensamiento, a un libro (que esté leyendo mientras la oigo) o a alguna imagen. Por ejemplo mi libro preferido La ladrona de libros con las canciones de Amy Winehause. (no sé si se escribe así y si no, me da igual, estoy vaga)


Esta tarde escuchaba una canción que me encanta. Caricias en tu espalda, de Despistaos. Estaba en pleno apogeo yo sola en la parada de autobús, cantándolo como si tuviera 5 años y fuera la invitada especial de menudas estrellas (aquel programa en el que atravesaban humo y decían: “Ana se convertirá en…” ahí estaba yo, convertida en cantante (tímida, no era momento de montar una coreo y la canción es lenta)



En fin que ahí estaba yo cuando de pronto por el carril contrario pasa un autobús y veo a un maromo, porque señores/as eso, era maromo. A pesar de que no le he visto la cara perfectamente lo era. Jovencito, de mi edad (ni un chiste eh) con el pelo por los hombros y una barba más que interesante. Llevaba pantalones de correr que resaltaban un buen culo (y eso que yo normalmente no me fijo) mientras cantaba observaba al maromo de mi vida, y de pronto cuando la canción está más movida él ha empezado a correr. Se me ha bajado TODO. Corría como un conejo saltarín, de lado a lado de la calle, como un niño pequeño que aprende a andar que no se sabe si se cae, si va o si viene. O tal vez corría con los pies para fuera o para dentro. No sabría decirlo, creo que era una mezcla de todo.

La putada es que ahora asocio la canción a la imagen y no puedo evitar reírme al oírla. O a partir de ahora seré muy feliz (por reírme tanto) o terminaré odiando la canción, o conseguiré no asociar la imagen del maromo :P

Amigos invisibles..


Y por fin terminé uno de los amigos invisibles, ayer nos dimos los regalitos y por tercer año (de cuatro que lo hemos hecho) mi amiga invisible ha sido… ¡Marta!, cosa que evidentemente y con lo que la quiero está genial, pero… ¡¡es la tercera vez!! ¡¡Y me estoy quedando sin ideas!! Eso sin contar que tiene la casa llena de manualidades mías. Porque somos tan “guays” o “cutres” (os dejo elegir) que siempre hemos hecho el amigo invisible manual. A mi, personalmente me encanta, eso de hacer con tus manos algo para quien quieras, (aunque no quede muy allá) además siempre caen fotos y cosas con (para mi) bastante valor sentimental.
La cosa es que como este año me volvía a tocar, y he explotado al máximo todas mis ideas otros años, este no tenía nada decente que regalar. Os dejo la foto. 

Lo de color morado es ¿un joyero? Mismamente… porque tiene una pinta de niño de seis años, pero que conste que le puse todo mi amor, paciencia y me llené de cola y témperas hasta el cogote (no soy capaz de pintar sin salirme) Las fotos, son de un portalápices. La mariposa y el bocadillo son broches, y lo otro un neceser, que feo, es el pobre pero está hecho por completo a mano, (ahí se ve como hacía yo punto cuando mi sobri me dijo que era cosas de abuelas) lleva su forrito y cremallera :P

Y a mí, me regaló Bea (Creo que Bea y Marta son las artistas del grupo) todo lo que veis en la foto está hecho a mano, TODO. Incluida mi larguísima bufanda!!!

En fin y hasta aquí el post de hoy. Me tengo que poner con otro amigo invisible (el último por fin)que también es manual!. (Me meto en unos fregaos…)

Por cierto, los reyes magos me han regalado un mp4 de 4gigas que no sé con qué llenar. ¿Alguna sugerencia? Para que os hagáis una idea por ahora van, albertucho, extremoduro, Fito, musicalité, maldita Nerea…

domingo, 9 de enero de 2011

Genética...



Siempre he pensado que lo de estar como una cabra venía de herencia. Aunque no tenía muy claro de qué parte venía heredara, no hace mucho descubrí que de mi madre. Podemos estar 20 minutos diciendo tonterías sin inmutarnos, como el día que yo tenía que ir al psicólogo (para un certificado de cuerda) a un centro donde cuerdo, creo que no había nadie (ni las administrativas) íbamos hablando de “locos” y mi padre nos regañó para que no dijéramos esas cosas, que allí había gente (por la calle) que se veía que muy allá no estaban. Mi madre y yo contestamos que solamente decíamos palabras que empezaban por loco, y estuvimos 20 minutos diciendo palabras, locomotora, localización, local, locomia, etc. Creo que mi padre se planteó seriamente abandonarnos allí.

Por otro lado yo, también tengo lo mío. No es raro encontrarme una mañana a las 7.30 bailando cual posesa (con melena incluida) “Locaaaaaaaaa nananaaaaaaaaaa, por un beso tuyoooooooooo nananaaaaaaaaaaaaa” o cualquier baile coreografiado de Rafaella Carrá.

Pero ahora que sé que es genético, estoy más tranquila. La semana pasada fui a comer a casa de mi abuela. Tras el típico momento de hija no comes nada (a la vista está que si que como) se puso a rememorar años atrás. Mi bisabuelo estuvo en la cárcel por “Rojo” y mi abuela siempre ha sido del centro.
Cuando era joven (nos parecíamos un montón) era bastante borrica (aún lo es) y por una injusticia (largo de contar) se creó enemistad con unas del barrio. Ella contra unas cuantas.
Aquí mi espléndida abuela encontró un día un pin de la falange (sí, la historia es de cuando Franco vivía) y se lo plantó en la solapa. A partir de ese día, las aguas se calmaron un poco, aunque en el barrio la tomaban por “facha”. Un día comprando en una tienda, las mujeres comenzaron a hablar de política, y mientras hablaban una mujer la empujó, no me quedó claro si con intención de que ella dijera algo o de empujarla sin más. Mi abuela se giró y con mala leche (que nos caracteriza) le dijo a la señora que ella era cinturón negro de yudo y que si le volvía a empujar le haría un kata (no sé que es, pero debo confesar que mi abuela acompaño la historia con la representación, imaginaos, una señora de 80 años haciendo un kata a lo kun fu).

Definitivamente yo, salgo a mi madre y mi abuela.
¿Y vosotros?

Pd. Mi abuela es muchisimo más guapa (recordad que salgo a ella)

sábado, 8 de enero de 2011

Flequillo

Hoy recordé algo que me pasó de pequeña. Yo siempre he sido muy “machorra” por lo que el pelo, me molestaba bastante. (Quién me ha visto  y quién me ve eh). En fin, que a mí me molestaba lo mío, por lo que un día empecé a quejarme por llevar el flequillo algo más largo de normal. Me molestaba horrores. Me pasé el día detrás de mi madre pidiéndole que me cortase el flequillo, ella hacía oídos sordos (a lo mejor no lo llevaba tan largo). Recuerdo una pequeña cabeza asomando de la puerta del baño:

-          Psss Ana, ven. – Esa era mi hermana, he de decir que siempre ha sido (y es) muy marimandona y yo, cual corderito hacía lo que me decía.

Entré en el baño y la vi con unas tijeras y una toalla.
-          Siéntate. – Me dijo con aire profesional
-          Vale.
-          He visto que quieres que te corten el flequillo, por lo que veo lo tienes bastante largo.- dijo con voz diferente imitando los ademanes de una peluquera.
-          Mamá me ha dicho que me espere.
-          Mamá está ocupada con Carlitos, mejor ven y te lo corto yo, verás que contenta se va a poner.
-          No sé eh.
-          Yo sí. – De un meneo me plantó la toalla y empezó a cortarme el flequillo con unas largas tijeras de costura (algo pesadas para ella)
-          A ver, espera que me ha quedado un poco corto de aquí- Seguía trasteando mientras mis pies balanceaban desde la taza del váter. – huy, un poco más de aquí…ummm espera, un poco por aquí, ummm ya casi está… ¡¡Listo!!.

Me aupó para que llegara al espejo y así poder ver como había quedado mi nuevo corte de pelo. No me lo había dejado desigual, el menos ahí tenía razón, creo que porque es imposible dejar desigual cuando no hay pelo. Si, me había dejado sin flequillo. Sin nada.
Salimos ambas del baño y no nos dio tiempo a prácticamente avanzar por el pasillo cuando mi madre nos cazó. La castigó un día por usar esas tijeras y porque podía haberme hecho daño y a mí me castigó una semana porque le daba vergüenza que saliera así a la calle.

jueves, 6 de enero de 2011

Reepostear


He leido en varios post un recurso de reepostear (si, me encanta inventarme palabras) y como no tengo nada demasiado curioso que contar y he decido que ya han acabado las navidades, reeposteo (juas, si puedo conjugarlo como quiera). Por cierto reepostear no tiene nada que ver con hacer tartas o de repostero (con cámara y tal) Juas, si, he desayunado con Miliki.
En fin, a lo que iba, os dejo un relato. Lo escribí hace tiempo (cuando me venían ideas a  la cabeza), ahora ando releyéndolos a ver si alguno me gusta para un concurso (por ahora, ninguno)
                                                                 *****************

Susana siempre ha estado ahí para mi, siempre que la he llamado, ha acudido sin tan siquiera preguntar si quería que fuese, claro está que ella sabe que si me preguntase le diría que no. Soy demasiado orgullosa para pedir ayuda, pero ella está ahí, no sé cómo pero siempre llama en el peor momento, creo que de algún modo estamos unidas, así sabe cuándo debe llamarme para venir a estar conmigo.

Aquella tarde Susana me llamo, al notarme más seria de lo normal, decidió venir a verme aprovechando que mis compañeros de piso estarían fuera hasta tarde para así poder hablar tranquilamente.

Estaba en mi cuarto, cambiándome de ropa, llevaba aun el pijama cuando ella me telefoneo. Me miré al espejo, semidesnuda, pensando que estaba hecha una piltrafa, ojeras, el pelo mal cepillado y seguro que había cogido algo de peso, ya apenas me servía el sujetador. Estaba observándome cuando el timbre sonó, cogí una falda limpia del cajón y la primera camiseta que encontré. Apoyada en el cerco de la puerta de la vecina de enfrente, encontré a Susana con una sonrisa de oreja a oreja, me mostró una bolsa de plástico y con su característica sonrisa pícara dijo “Traigo provisiones”, abrí la puerta más aun, invitándola a pasar con un gesto educado.

Como de costumbre, cogimos las “provisiones” un batido de fresa y una tableta de chocolate, nos sentamos en el sofá. Hablamos durante horas, perdí la cuenta cuando pasaron de tres, durante esas horas lloramos juntas, reímos, teorizamos e incluso ideamos planes para nuestros futuros inmediatos, más bien, para el mío.

Llegadas a ese punto de la tarde ambas estábamos cansadas y nos acomodamos, ella se despojó de sus mugrientas zapatillas de deporte y colocó las piernas sobre la mesa, yo me tumbé a su lado, con la cabeza en su regazo sobre un cojín. Nos pusimos a ver la tele, no necesitábamos hablar más por el momento, pero sí necesitaba su compañía.

Mientras veíamos la tele ella me acariciaba el pelo, suavemente entrelazaba sus dedos con mis mechones, llegando incluso a acariciarme la cabeza, aquello me relajaba muchísimo, en cierta ocasión rozo mi cuello, un pequeño escalofrió me recorrió la piel, ella lo noto, por un momento se puso tensa, pero volvió a relajarse. Yo, instintivamente acariciaba su pierna, sobre la cual estaba mi cabeza apoyada. Me sentía segura estando a su lado.

Poco a poco bajó su mano por mis hombros, desnudos pues la camiseta que llevaba era palabrada de honor, sentí otro escalofrío pero esta vez ella no se puso tensa, la mire y me miro. Algo extraño me pasó, deseaba besarla, en ese instante fui consciente de los hermosos labios que tenia, de los grandes ojos. Creo que ella sintió ese mismo deseo. Lentamente me incorporé hasta llevar mi cara junto a la suya y ahí una frente a la otra, cerca a dos centímetros. Deseamos mutuamente besarnos y lo hicimos.
Fue un beso distinto a los que había sentido hasta ese momento, fue dulce, cariñoso, delicado. A aquel beso le siguió otro, y otro. Después lentamente baje mi mano desde su cuello a su pecho. Cada centímetro que tocaba hacia que mi corazón de desbocara como un caballo loco. Al llegar a su pecho ella fue quien empezó a bajar la mano hasta llegar al mío. El roce de sus dedos sobre mi piel hacia erizarla, sentí escalofríos allí por donde ella paseaba sus dedos. Nos despojamos de las camisetas con algo de torpeza, al fin y al cabo no era algo a lo que estuviese acostumbrada, ni ella tampoco. Ya sin camiseta, nos acariciamos, nos besamos nuevamente y nos abrazamos sintiéndonos la una junto a la otra, el roce de su pecho con el mío hizo que nuestra respiración se acelerara. En ese momento Susana bajo la mano, empezó a acariciarme las piernas, los mulos y poco a poco fue subiendo su mano. En ese momento empecé a tomar consciencia… ¿Qué hacíamos? ¿Por qué lo hacíamos? ¿Me gustaban las chicas? ¿Me gustaba Susana? Delicadamente frene su mano que empezaba a jugar con la gomilla de mi ropa interior… la miré con cariño y lentamente le dije:
- Susana, ¿tú, realmente quieres esto?
En ese momento ella alzó la cabeza y me miró con los ojos más abiertos de lo normal, con una expresión extraña, desorientada. No sabía si iba a empezar a reír o a llorar. Me miro un minuto en silencio, tiempo que a mí, se me hizo eterno y creo que a ella también. Después miró su mano y la saco de debajo de mi falda. Ahí sentada la una frente a la otra, nos dimos cuenta de que no era lo que queríamos, de que no sentíamos lo necesario para poder dar un paso así. En silencio, ambas nos vestimos. Una vez terminamos me sonrió y con su alegre voz me dijo:

- ¿Vemos esa peli nueva que empezaba ahora?
-  Claro - Sonreí yo a mi vez.

Volví a tumbarme sobre su regazo y ella volvió a acariciarme el pelo.

Nunca más volvimos a hablar de ello, nunca más volvimos a sentir el impulso de tocarnos de aquella forma. Seguimos viéndonos como siempre, y socorriéndonos mutuamente.

Durante un tiempo me preguntaba que había pasado, si yo sentía algo por ella. O por las mujeres en general. ¿Por qué había deseado besarla? Supongo que simplemente ese día necesitaba cariño, mimos, amor, y ella me ofreció todo aquello de una forma tan natural que me dejo llevarme por mis instintos primarios.

No me arrepiento de aquello que paso, porque ambas quisimos hacerlo. Al menos, hasta ser conscientes de lo que hacíamos.

miércoles, 5 de enero de 2011

Ya vienen los Reyes...

Ya vienen los Reyes…


Si, los oigo que se vienen acercando, no queda nada. Creo que el día de Reyes de siempre es mi preferido de toda la Navidad. Ahora me tacharéis de materialista, diréis que se pueden hacer regalos cualquier día del año, etc. ¿Sabéis qué? ¡¡Me importa un bledo!! A mí, me gusta el día de Reyes, me gusta hacer la carta y colgarla en la nevera, comenzar pidiendo (como cada año) la Paz en el Mundo, que me traigan joyas y pieles y un helicóptero (nunca falla) y despedirme rogando que al Enano (mi hermano pequeño) no le traigan nada.

Debo añadir que esto de la carta y de las joyas y demás no sólo lo hago yo. Lo hacemos todos, y por todos me refiero a los 6 miembros de mi casa (ya cuatro, vamos perdiendo lastre)

Y es que de los Reyes no sólo me gusta que me regalen (a quién no le gusta) me encanta indagar, investigar y romperme el coco buscando el mejor regalo (a poder ser con poco dinero) o el más original. He de reconocer que este año la estoy cagando, ni he hecho carta ni he buscado regalos originales y me he dejado más dinero del que gano.

Otra cosa que pienso disfrutar este año, es la cabalgata. Mis padres hasta no hace mucho tenían un comercio en el que me tocaba “pringar” todas las navidades, por lo que prácticamente no he visto cabalgatas. Este año (mañana) voy a ir a la de Madrid, a la grande (el Dios de turno me pille confesá, que con lo que me agobia a mi mucha gente junta)

En fin, que ya vienen los Reyes… y yo, me voy a dormir, que mañana tengo que tener ilusión por ellos con un puñado de “locos bajitos”. Lo que me he reído hoy leyendo sus cartas a los “Relles Majos”

Pd. Querido Reyes Magos, como este año me he portado muy bien, quiero la paz en el mundo, joyas, pieles y un helicóptero.
Ah! y si me haceis el favor, no traerle nada al enano.
Besos.

lunes, 3 de enero de 2011

Se busca

Aprovecho este espacio en blanco (bueno, azulito) para hacer un llamamiento, he decidido empezar por aquí, antes de llamar a la Tele, a la Radio, etc. A pesar de que me seduce de sobremanera ir al plató de Sálvame a contar mi historia, mientras esos periodistas de postín me preguntas cosas realmente serias como si llevo o no bragas, no obstante he resistido la tentación y empiezo por este rincón.

Hace dos años y un día que no la vuelvo a ver… (Ah no, que no era así)

Hace tiempo que no la veo. Os daría una descripción física pero cambia demasiado. Sólo puedo decir que cuando la ves, te hace sentir bien, sonriente, a veces incluso sientes mariposillas en estómago, otras unos nervios acojonantes y otras simplemente alegría.

No sé cuanto hará que se ha marchado, ni si tiene pensado volver, tampoco sé si le pasó algo o se marchó voluntariamente. Lo único que sé es que quiero que vuelva. Por eso os he reunido, si la veis, decirle que vuelva, que aún tengo su cuarto intacto, como si nada y que sin ella todo es más gris que Francia (tela lo gris que es Francia, a mi me parece tristísimo, normal que luego los franceses se rayen y nos tiren las fresas, tanto color junto los aturdirá fijo) y que mi vida sin ella es más triste.

Ah, olvidé decirlo, responde al nombre de Ilusión.

sábado, 1 de enero de 2011

Por encima de mi hombro.

A petición de A he decido subir un relato, muchos (al menos los más cercanos) ya lo habéis leído, por lo que estáis exentos. A los demás os diré que es algo largo, por lo que si queréis también estáis “perdonados” por no leerlo. Según entendí a los del concurso si lo colgaba en algún sitio debía hacer alusión a ellos, de modo que os digo que el relato quedó tercero en el Concurso de Maripuri Express. (Creo que lo estoy poniendo mal, me da a mi, por lo que lo colgaré sólo unos días)



¡¡Quiero criticas!! Y malas a poder ser (que hay que aprender)

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Supongo que lo mejor es que me presente. Sobre todo si vas a leer mi historia. Me llamo Daniela, tengo 23 a os y vivo en Madrid. Concretamente, en Torrejón de Ardoz. Y me encanta leer.


Desde hace unos cinco años, todas las mañanas hago el mismo trayecto. Todas, excepto los domingos, y, aunque parezca raro, ya casi me conozco a la gente con la que coincido cada día.
Siempre subo en el mismo vagón, el tercero empezando por la cola, que es el que más cerca está de mi salida. Como yo, esa gente sube cada mañana en el mismo compartimento.
Te pongo en situación. En él van una madre y sus dos hijos. Ella va siempre arreglada, perfectamente maquillada y oliendo a un exclusivo perfume, y sus hijos, recién peinados y bastante relajados para su edad (ninguno de los dos aparenta superar los seis años). Cada día que les veo me pregunto a qué hora se habrán levantado.

Una muchacha más joven que yo (calculo que de unos 20 años), con el pelo castaño y alborotado. Me atrevo a asegurar que ella madruga menos para peinarse. Viste de forma moderna, con pantalones caídos y camisetas con dibujos originales. Siempre va leyendo y me llama la atención que forre todos sus libros con papel de periódico, no sé si para conservarlos o para que nadie sepa lo que lee.

Unos compañeros de trabajo. Sé que lo son porque siempre hablan de lo sucedido el día anterior en su empresa. Él es moreno, atractivo y viste con estilo; ella también es muy guapa, tiene unos ojos grandes y unos labios perfectamente perfilados. Juraría que él la desea, porque le dirige una mirada brillante y con demasiada frecuencia se le van los ojos a sus labios, a pesar de sus manifiestos intentos por evitarlo.

Estoy realmente convencida de que desea besarlos y ella ni siquiera se ha percatado. En ocasiones, cuando él habla, ella mira distraídamente en otra dirección. Me pregunto qué pasaría si él le confesara lo que siente.

El señor mayor es mi preferido. Por su edad, deber a estar jubilado. De hecho, tal vez lo esté. Pero cada mañana, a la misma hora (temprano, he de añadir), coge el mismo tren que yo. Me pregunto qué tendrá que hacer a esas horas.

Es sumamente caballeroso, cede el asiento a cualquiera y, si se encuentra junto a la puerta, pulsa el botón para abrirla si alguien quiere salir. Me encanta que existan hombres así.

Al fondo del vagón siempre se coloca un pequeño grupo de amigos. Según va haciendo paradas el tren, se van incorporando nuevos miembros. Tanto los chicos como las chicas visten uniforme de escuela, hablan alto y se ríen a carcajadas, y, aunque muchas mujeres les miran recelosas o intentan fulminarlos con la mirada, me gusta verles tan contentos desde por la mañana. Sobre todo a esas horas en las que sólo piensas en lo a gusto que estarías en tu cama.
Evidentemente, hay mucha más gente en el vagón, cada día sube y baja mucha gente de él, unos tristes, otros con sueño, algunos contentos e, incluso, alguno que ha bebido más de la cuenta. Hay de todo, pero durante este tiempo han sido los arriba descritos los que más han llamado mi atención.
Mi trayecto dura una media hora. Subo en Torrejón y bajo en Atocha. Normalmente voy leyendo, pero hay días en los que el cansancio me vence y me paso el camino mirando sin ver.

Hace un tiempo, iba en el tren cuando subió él. En un primer momento no me percaté, por lo tanto no sabría decir en qué parada subió. Yo estaba cautivada por mi última adquisición literaria, a lo que hay que añadir que suelo leer con los cascos puestos, música lenta y bajita que me ayuda a aislarme del murmullo que me rodea y a concentrarme más en mi lectura.

Se acercó a mí y, con una sonrisa, me preguntó si estaba ocupado el asiento contiguo.Le miré un instante para decirle que no, que estaba libre, o al menos eso creía yo. Volví la vista al libro que ten a entre mis manos, sin hacerle el menor caso.

En algún momento noté como, a medida que avanzaban las estaciones, él iba aproximándose más a mí, hasta alcanzar a leer por encima de mi hombro. Aquel día iba leyendo un libro conocido, de esos que los autores, tras conseguir un notable éxito con la primera entrega, alargan con un segundo volumen. Pero yo aún iba por la primera parte. Al principio pensé que era simple curiosidad, ya que, a veces, la gente se aburre soberanamente e intenta leer lo que tiene entre manos su vecino de asiento (aunque nunca he entendido muy bien el por qué de ese interés). Entretanto, llegué a mi parada y, como de costumbre, salí disparada, con el bolso en una mano y haciendo malabares con el mp3 y el libro en la otra, intentando no dejarme nada por el camino.

A la mañana siguiente volví a mi ritual. Esta vez casi pierdo el tren, pero lo cogí por los pelos. Una vez sentada, empecé a sacar todos mis bártulos y retomé mi lectura. Tras unos minutos, noté que alguien se sentaba a mi lado y que poco a poco se acercaba a mí.

Por el olor percibí que era el mismo chico que el día anterior, pero no llegué a girarme, ya que le tenía tan cerca que me ruborizaba la idea de poder darme de bruces con él. Siguió leyendo por encima de mi hombro, y yo, al igual que la mañana anterior, le dejé. Al llegar a mi parada volví a salir con prisa, pero esta vez me dio tiempo a girarme levemente, lo suficiente para poder verle. No sé si fue mi imaginación, pero estoy casi segura de que me sonrió.

Era moreno, alto y de espaldas anchas. Tenía una sonrisa blanca y perfecta, de esas que crees que sólo existen en la televisión, que hacía juego con sus ojos negros, intensos y dulces a la vez.

Durante un par de semanas los acontecimientos se repitieron sin variaciones. Empezaba a ser una costumbre: yo buscaba dos asientos libres para que cuando él subiese pudiera sentarse a mi lado, embriagarme con su perfume y seducirme por la proximidad de su respiración.

A lo largo de esos días no nos dirigimos la palabra ni nos miramos,  hasta que yo abandonaba el vagón a toda prisa y me giraba en la puerta para sonreírnos.

He de reconocer que empecé a tomar mayor conciencia de cómo iba vestida y peinada.
Alguna vez llegué a pensar que quizás me despertara a la misma hora que la madre y los niños de mi vagón. Dedicaba más tiempo a cepillarme el pelo, me maquillaba ligeramente y usaba el mejor de mis perfumes. Esto hacía que poco a poco me fuese sintiendo más segura, más guapa y, por qué no decirlo, más sexy.

Los días pasaban y yo avanzaba en mi lectura. El libro estaba casi llegando a su fin.

Una mañana, cuando pasaba una hoja, me rozó levemente la mano y, dirigiéndome una espléndida sonrisa, me dijo: “Aguarda un momento antes de pasar la página, que es la penúltima y aún no he terminado”.

El roce de su mano sobre la mía me provocó un vuelco del corazón, que empezó a latir más rápido de lo que jamás había llegado a imaginar. Durante un instante pensé que si hablaba se me iba a salir por la boca, por lo que no dije nada. Me hubiese encantado dirigirme a él, ser capaz de presentarme o de decirle cualquier cosa, pero en el momento en el que empecé a serenarme sonó el pitido que anunciaba el cierre de las puertas del vagón, lo que hizo que levantara la vista y saliera de mi ensimismamiento, reaccionando con el tiempo justo para salir corriendo y apearme en mi estación. Esta vez no me dio tiempo a girarme para verle.

Estuve toda la mañana dándole vueltas, recordando la situación, imaginando qué podría haberle dicho, fantaseando con la conversación que podríamos haber mantenido.Finalmente llegué a la conclusión de que no sabía qué iba a decirle al día siguiente, pero estaba decidida a no dejar pasar otra oportunidad: tenía que decirle algo.

Esa mañana me desperté más temprano de lo habitual, tal vez porque los nervios cumplieron la función del despertador. Elegí con cuidado mi ropa: una camiseta azul con un escote discreto en forma de V y unos vaqueros algo desgastados pero que seguían sentándome igual de bien que el primer día. Me maquillé a í á í conciencia, me puse algo más de máscara de pestañas, un toque de colorete (mientras lo hacía me sonreí al pensar que seguramente no me hiciera falta al verle) y el perfume más exclusivo que tenía, aquel que sólo uso en ocasiones muy especiales.

Nerviosa como si tuviese un examen en el que me jugase todo, busqué, como de costumbre, los dos asientos libres. Al poco, entró y me puse aún más nerviosa. Ese día no llevaba libro, pero de todas formas mantuve la mirada baja. No tenía muy claro qué decirle, a pesar de que desde el día anterior había repetido una y otra vez cada palabra, hasta memorizarlas.

En ese instante, el vagón frenó en seco. Estábamos atravesando un túnel y durante unos segundos nos quedamos a oscuras. Cuando volvió la luz y reanudamos el trayecto, yo seguía con la mirada fija en el suelo.

Por fin me armé de valor para soltarle todo aquello que había estado preparando. Me giré hacia él y… ¡no estaba! “¡No está! ¿¿Dónde se ha metido??” grité en mi interior, contrariada.

En ese momento, alguien me rozó el hombro y me giré esperanzada. “Es él”, pensé. Pero no, no era él. Era la joven que veía cada mañana con su libro forrado, que me sonrió y me dijo: Perdona, ¿es tuyo el libro? ¿Está libre el asiento?”. No entendí qué me decía, por lo que me giré siguiendo la dirección que señalaba su mano, hacia su asiento, el de él. Ahí estaba la segunda parte de mi novela.

Mientras la chica me observaba, me limité a coger el libro con una expresión confusa que dudo que ella percibiera, ya que se sentó y se sumergió en la lectura que ocultaban las páginas del periódico.

Tras recuperarme de la sorpresa inicial, abrí la primera hoja. En ella había una dedicatoria. “Bueno, algo es algo”, pensé. Con una perfecta caligrafía estaba escrito:

Me ha encantado releer contigo mi libro favorito. Ésta es la segunda parte. Dejo que la leas sola. Te gustar a n m s que la primera. Gracias por compartir conmigo tus mañanas.
Tu fiel compañero de viaje, L.

Recorrí cada letra con mis dedos, añorándole, intentando entender por qué se había marchado. Cerré el libro. La siguiente era mi parada, así que cogí el bolso en una mano y el libro en la otra, y, al bajarme, miré hacia atrás instintivamente, pero junto al hueco que yo había dejado seguía sentada la misma chica.

Pasé el resto del día dándole vueltas a lo que podría haber pasado.

A la mañana siguiente volví a despertarme ilusionada: le daría las gracias, sin duda, por aquel inesperado regalo. ¿Seguiría leyendo por encima de mi hombro? Después de las gracias, ¿hablaríamos de algo? ¿Qué nombre se esconde detrás de esa inicial? A pesar de releer una y otra vez la dedicatoria, no me había percatado de la parte que rezaba “Dejo que la leas sola”.

Volví a rebuscar en mi armario una prenda que resaltara algo de mí. Volví a maquillarme cuidadosamente y a usar el perfume de las ocasiones importantes. Volví al andén. Volví al vagón. Le guardé un sitio junto al mío y comencé a leer su novela (ahora mía, nuestra). Pero él no volvió.
Ni aquella mañana ni las siguientes.
Todas estas mañanas he guardado su asiento junto al mío, pero no ha vuelto. Empecé a leerme otro libro, a pesar de las ganas que tenía de leer la novela, pero realmente sin él perdía, no tenía ganas de seguir la historia.

Fueron pasando las semanas y poco a poco dejé de tener esperanzas de verle, dejé de arreglarme tanto y he vuelto a la monotonía de mis compañeros de viaje fieles de verdad. También he dejado de mirar atrás al cerrarse las puertas en mi parada.

Una mañana al salir de casa me acordé de que el día anterior había terminado el libro que estaba leyendo y como no tenía ningún otro a mano cogí el suyo, bueno, el nuestro de alguna forma.

Había pasado algo de tiempo y a pesar de que seguí acordándome de él, la lectura empezó a engancharme.

Hoy, al volver a casa he terminado el libro. Me he llevado una grata sorpresa, tras la última página había algo escrito a mano:

Ahora no nos dará tanta vergüenza hablarnos, tenemos un tema del que partir, la novela. Siempre había sido mi preferida, pero compartirla contigo ha hecho que aún me guste más, casi tanto como tú. La espera se me ha hecho interminable, pero me alegro de que la hayas terminado. Dime que parte te ha gustado más...
6895325821 Lucas.

El corazón se me ha parado, mis pulmones han olvidado volver a llenarse de aire y las manos han empezado a sudarme. Por un segundo he mirado a mi alrededor, buscándole, como sí acabase de escribir aquello y aun estuviese ahí. No estaba. Y el pitido que aquel día tanto odié, ha vuelto a sonar y yo, he tenido que volver a correr para bajarme en mi parada. Esta vez, no me he girado al salir. Sabía que no estaría.

Durante el camino a casa, no he parado de sopesar qué hacer. Hace ya un par de meses que me dejó el libro en el asiento. “¿Pensará que no me interesa? Tal vez ya ni siquiera tenga ese teléfono. ¿Y si fue algo pasajero? ¿Y si, al pasar los días, se ha dado cuenta de que fue una locura?”. Mil y una preguntas se me han pasado por la cabeza desde que leí la nota del final.

Ahora estoy en mi cuarto, tumbada en la cama, pensando que decirle cuando descuelgue. Va por el segundo tono...

Me acompañan...