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sábado, 24 de diciembre de 2011

Relato: ¿Tendrá final feliz?


Echó un último vistazo antes de salir, le gustó la imagen que el espejo proyectaba de él. Perfectamente peinado con estilo de descuidado, sus mejores pantalones, esos que sus amigas consideraban le hacían un buen culo y su camiseta preferida. Comprobó su cartera, llevaba el carnet dentro. Salió a la calle y con paso ligero se dirigió a aquella biblioteca, no era la más cercana a su casa, pero era la biblioteca donde trabajaba ella.

Hacía meses que se había fijado en ella, tal vez no era una chica demasiado guapa o despampanante pero la primera vez que le miró un escalofrío le recorrió el cuerpo, su sonrisa evocaba un lugar seguro y feliz. Nunca nadie había tenido un efecto así en él, por eso cada jueves se dirigía a aquella biblioteca, se sentaba en una mesa más o menos cercana a la suya y le realizaba consultas con cualquier pretexto, a él le encantaba leer y ella sabía muchísimo de libros, por lo que conseguir un tema común para charlar no le resultaba demasiado difícil.

Cada jueves el camino le parecía más corto, tal vez porque se pasaba todo el tiempo pensando en ella. Al entrar en la biblioteca la encontró leyendo, como de costumbre. Ella, tras oír los pasos elevó la vista y al identificarle una gran sonrisa surgió en sus labios. El corazón de Jesús casi se paró, notó la agitación de su respiración y como de costumbre obligó a su cuerpo a calmarse, le devolvió la sonrisa por saludo y se dirigió a una estantería cercana. Recorrió el pasillo en busca de algún libro interesante, justo cuando iba a desistir en su búsqueda uno le llamó la atención, no podría decir si por el título o por la portada. Destacaba  entre los demás, las pastas eran de color azul, y el título estaba escrito en una sencilla letra de imprenta que rezaba “¿Tendrá final feliz?” automáticamente notó atracción por él y no pudo resistirse a cogerlo, con él en la mano se sentó en una mesa desde la que podía ver a Dulce. En realidad Jesús no sabía su nombre, pero creía que éste la describía por completo. Se debatió entre la lectura y verla, cada dos líneas elevaba la cabeza con disimulo para ver qué hacía Dulce, algunas veces sus miradas se cruzaban y ambos se regalaban una sonrisa furtiva. Tras el último cruce de miradas Jesús decidió continuar con su lectura, bajó la vista hacia el libro, pero algo le dejó atónito, como si de un acto reflejo se tratara cerró el libro.

“¿Cómo puede ser?” la abrió de nuevo”¿qué demonios?¿qué está pasando?”  El libro estaba completamente en blanco, pasó las páginas como si de un crupier se tratara pero todas las páginas estaban en blanco. Cerró de nuevo el libro y se frotó los ojos, abrió nuevamente el libro un par de veces, esperando que las letras volvieran, incluso esperaba un ¡tachan! Que columinara aquella extraña situación, pero no fue así. Por más que lo abría el libro no tenía letras. Decidió comentarle lo sucedido a Dulce, aunque le resultaba extraño y no sabía como abordar el tema.

Levantó la vista en su búsqueda Dulce estaba hablando por teléfono, por cortesía decidió esperar sentado a que terminase, cogió de nuevo el libro ¿cómo explicarle que había perdido las letras?, al abrirlo su cuerpo se puso tenso, ¡Tenía letras! ¿Qué coño estaba pasando? ¿A caso estaba loco? Un sudor frío le perló la frente. No podía ser. Cerró de nuevo el libro y lo abrió esperando que esas palabras hubieran desaparecido como un par de minutos antes, pero esta vez seguían ahí. 
Respiró un par de veces aún con dificultad, se sosegó y decidió que lo mejor que podía hacer era leer un poco.

“Echó un último vistazo antes de salir, le gustó la imagen que el espejo proyectaba de él. Perfectamente peinado con estilo de descuidado, sus mejores pantalones…”

¿Pero qué clase de broma era esta? ¿Un libro sobre él? Corrió a las últimas páginas, estaba todo, hasta esto que estaba ocurriendo… “Pero... pero” no dejaba de pensar y a la vez que pensaba el libro seguía escribiéndose. Cerró el libro de golpe. No sabía qué estaba pasando. Miró a su alrededor en busca de algún tipo de pista, de un indicio que le demostrara que era una broma, pero todo seguía igual, tranquilo casi desértico y Dulce continuaba al teléfono. Jesús se levantó y se dirigió al baño, dejó el libro sobre la encimera y se refrescó la cara en busca de paz. Respiró hasta que el ritmo volvió a la normalidad.

“Está bien”, pensó, “él libro hace lo que yo pienso, está bien y sí yo pienso… “una sonrisa pícara se dibujó en sus labios. “¿Y si pienso en Dulce?”

Salió de nuevo del baño y volvió a la silla de antes, echó un vistazo rápido, Dulce seguía ahí. Decidió fantasear con lo que pudiera ocurrir, tal vez el libro no sólo escribía lo que pasaba sino que podía influir en que pasara, decidió pensar la historia.

Jesús estaba sentado en una mesa cercana, desde allí podía ver a Dulce, estaba muy guapa, decir que más que otros días sería mentir, pues para Jesús Dulce siempre estaba guapa. Lucía una camisa de botones, bastante informal para su edad, pero que le daba un toque muy sexy, unos vaqueros ajustados que mostraban a la perfección sus curvas. El pelo suelto como de costumbre, jugaba con su pelo haciéndose rizos con los dedos mientras charlaba por el teléfono. Parecía sentirse cómoda y distraída. En un absurdo movimiento tiró con el codo un libro que estaba en el borde de la mesa, se inclinó a cogerlo y en ese momento la presión de su pecho sobre la camisa forcejeó con un botón dejando así al descubierto un nuevo escalón de su escote. Jesús no puedo resistir a mirarla, y Dulce se dio cuenta. Tras unas breves palabras colgó el teléfono y se acercó hacia él, dulce y decidida. Jesús se acercó también a ella. Tras unas palabras susurradas Dulce le dio la mano pidiéndole así que la acompañara a un lugar. Él seguro de sí mismo se la dio y siguiendo los pasos de ésta llegó hasta el último pasillo de la biblioteca. La sección de Atlas. Normalmente no era una sección transitada. Dulce se acercó más a él, de forma que a Jesús le permitía ver más de cerca su sinuoso pecho. Aquello comenzaba a despertar en él un deseo primario de tocarlo, desvió la mirada posándola en sus labios, estaban entreabiertos, sus ojos le miraban con dulzura y como si de una invitación se tratara Jesús la besó, primero con delicadeza y después con pasión, la fue arrinconado contra el final de la estantería, ella buscaba su boca con deseo, mientras que con sus manos buscaba el deseo de él, éste era palpable, muy palpable podría decirse. Ella introdujo sus cálidas manos en sus pantalones comprobando así hasta qué punto era palpable, él descendió los besos por su escote, permitiéndose el lujo de besar aquellos manjares tan inaccesibles, la mano de ella comenzó a moverse y los besos de ambos despertaban sus instintos más primarios, él deslizó la mano dentro de sus pantalones, quería saber también como de palpable era el deseo de ella…”

Jesús tuvo que parar, miró de nuevo a la mesa, allí seguía Dulce, charlando tranquilamente, pero él… él no estaba tranquilo. No sólo había fantaseado su cabeza, también su cuerpo se había dejado llevar provocando una incómoda erección dentro de sus pantalones. “No puede ser” se dijo Jesús. Dejó el libro sobre la mesa y como pudo se dirigió al baño.  Respiró un par de veces mientras pensaba en un montón de cosas absurdas, se refrescó la nuca, la frente… minutos después mucho más calmado, física y emocionalmente salió del baño y volvió a su silla. Dulce no estaba allí. Tal vez estuviera colocando unos libros. Cogió el libro y con sumo cuidado releyó buscando dónde se había quedado. Pero aquello no era lo último que él había pensado. Prestó más atención y comenzó a leer por donde él lo había dejado antes de ir al baño.

“Ella colgó el teléfono, a veces su madre resultaba demasiado pesada, pero aún así la quería y no veía nunca el momento de colgarla. Se levantó para colocar un par de libros y al pasar por la mesa donde estaba sentado él se paró a observar el libro. Él, hoy era jueves, sabía que vendría él, como cada jueves.
Él, Jesús, era curioso, tenía sus datos, dirección, teléfono, nombre, pero no había sido capaz de preguntarle si tenía o no pareja. Cada jueves esperaba con ansiedad su visita, por suerte él se sentaba cerca y solía tener dudas a cerca de los libros por lo que ella podía charlar unos minutos a la semana con él.
 Ahora no sabía donde se había metido, tal vez en el baño. Y el libro… se había dejado el libro sobre la mesa. ¿Sería interesante? ¿Tendría final feliz? Esperaba que sí. Miró a ambos lados y vio que nadie la observaba, cogió el libro sobre sus manos y comenzó a leer. ¿Hablaba de él? ¿De ella? Al llegar al punto en el que Jesús sabía cómo funcionaba el libro comenzó a entenderlo, se sonrojó leyendo las fantasías de Jesús y hasta  se excitó, tuvo que comprobar un par de veces que nadie la estuviera observando.
 Oyó la puerta del aseo y soltó el libro sobre la mesa casi de un salto.”

Jesús no sabía que pensar… no sabía cómo actuar. Cerró el libro, pues esta parte que relataba cómo él salía del baño ya la sabía.
Dulce apareció frente a él, le sonrió con dulzura y timidez, alargando su mano la extendió frente a él invitándole a acompañarla. Éste no supo qué decir de modo que simplemente le dio la mano. Ambos caminaron por el pasillo, llegando al último, la sección de Atlas. Dulce paró en seco, se acercó mucho a él y le susurró en el oído.

-          Marta, me llamo Marta – le susurró al oído mientras salía de aquel pasillo. 
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PD. Os deseo feliz navidad a todos y quien repela las navidades, mucha paciencia y a intentar rodearse de quien quiera y le quiera.

11 comentarios:

  1. Pues si... tuvo final feliz :)

    Te deseo a ti también feliz Navidad!

    Besots

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  2. Finales felices son los que nos hacen falta... Gracias!

    Además, hoy vengo con intenciones "promocionales", pero no para vender nada. A ver si te gusta http://editorialam.blogspot.com/2011/12/la-cuentoteca.html

    Feliz navidad!!

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  3. Se confirma la pornográfica leyenda de que la gente va a las bibliotecas a follar.
    Me gustó tú idea del libro en blanco que se escribe sólo, me recordó al principio a esto.
    Feliz navidad y próspero año :)

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  4. Vaya, a pesar de que se menciona muchas veces yo nunca pienso en las bibliotecas en terminos tan sexys, ja ja ja ja. Me alegro de que tuviera un final feliz para Jesus y Dulce... digo, Marta.

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  5. ¿Y a qué otra cosa se podría ir a una biblioteca, Doctora? ¿A leer? Anda ya...

    Feliz navidad a todos.

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  6. Ada, si al final sí.
    Sra.T, sí… o eso creo. Un besito pequeña.
    AM, ummmm me pasaré a leerlo. Besitos y feliz navidad a ti también!
    Doctora, tía mira que he vuelto a la úni sólo para estar en la biblio y ni ahí follo, lo mío es triste, como tú, empiezo a preocuparme por mi vida privada!!!
    Nerea, jajajjaja sexy no es, creo que te pasas tantas horas entre libros que cualquier cosa que no tenga letras te sirve.
    Cuqui, yo voy a estudiar… soy la más sosa del mundo!

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  7. Que historia tan genial, Ana :) Y con final feliz, como tienen que ser las historias de amor! Un beso, preciosa.

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  8. Muy buena historia, por un momento me he preguntado qué cojones hace un macarra como yo leyendo una historia como ésa, pero ya que estaba quería saber el final. Te he encontrado gracias a los premios 20blogs, hoy estaba haciendo un repaso a la categoría de humor.

    1abrazo.

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