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miércoles, 9 de noviembre de 2011

La torturadora de los pequeños placeres. Reeditado.



Nada de su aspecto físico destacaba en ella, morena, de estatura media, con estrechas caderas y una sonrisa que recordaba a la niña pequeña que había dejado paso al cuerpo de mujer.

Todas las mañanas se levantaba temprano, demasiado para ella. Acostumbrada a trasnochar, cualquier hora anterior a las 9, sin duda era madrugar. No obstante, a pesar del horario su trabajo le encantaba. Tenía una pequeña librería en una callejuela, de esas con encanto que al pasar por la puerta te atraen como por arte de magia en busca de algo, sin saber el qué.

Arena, que era como se llamaba nuestra pequeña librera, a menudo pasaba desapercibida para la gente, por más que la intentaban recordar no atinaban a describirla, a pesar de aquella sonrisa y la dulzura de sus modos. Siempre pensó que por ese motivo nunca se habían enamorado de ella, porque no la recordaban. Anhelaba sentirse enamorada, deseada y amada.

Como a pesar de no sentir ese amor, sentía deseo y excitación, algunas noches salía, consiguiendo sexo para ir subsistiendo. Una noche, uno de sus amantes le propuso usar una máscara, no supo si por su fulgor o el deseo de su compañero, pero aquel fue uno de los mejores
polvos de su vida.

Un par de semanas después, llegó a su buzón de correo electrónico una invitación a una fiesta. Apenas tenía un ligero recuerdo del remitente, pero aquello no fue óbice para faltar a la cita, era una fiesta y a ella le encantaban, más aún sabiendo que era de disfraces.

Pasó el día pensativa, intentando encontrar el disfraz perfecto. Como de costumbre cada mientras pensaba paseaba por la librería, caminar siempre le ayudaba a despejar la mente. En un momento de distracción fijó la vista en un libro que no estaba bien colocado, alguien lo había consultado colocándolo sin prestar atención. Ella le devolvió a su lugar, no sin antes fijarse en el libro contiguo. La elegancia de la máscara, como si de un sueño se tratase, se agolparon ante ella algunas imágenes de aquella noche en la que tanto disfrutó. Por fin había encontrado su disfraz.

Horas después, ataviada con un traje de época y su máscara veneciana cruzó el umbral de la fiesta. Estaba llena de personajes de dibujos, de época, de las revistas del corazón e incluso algún que otro disfraz ingenioso.
No localizó a la persona que le había invitado, pero realmente no le importó, entabló conversación con un pequeño grupo de personas que estaban junto a la barra. Tal vez el ir disfrazado facilitaba las relaciones sociales. Entre ese pequeño grupo destacaban los ojos de un Zorro. Cruzaron las miradas, risas y alguna que otra caricia. Sin duda ir disfrazaba facilitaba cualquier tipo de relación.

Al final de la noche ambos se fueron juntos a casa de él. Siguieron las caricias y las sonrisas y a ellas se sumaron los besos, las miradas, poco a poco se fueron despojando de sus ropas, eso sí, dejándose puestas las máscaras.

En un momento dado, él se carcajeó diciendo que con esa máscara parecía una torturadora, eso le hizo gracia a Arena y decidió adoptar tal papel, se autoproclamó la torturadora de los pequeños placeres. Al Zorro la idea le encantó, e incluso hizo que la deseara más.

Poseída por su personaje, ató al zorro al cabecero de la cama, no podría ser una torturadora sin tener un “preso” al que torturar.

Salió del cuarto y entró un par de minutos después. Volvió desnuda, segura y con su máscara puesta. Sin duda iba disfrazada de la torturadora de los pequeños placeres.

Subió a la cama y sentada a horcajadas sobre él comenzó con las torturas.
La primera, cosquillas, visto así no parecerá una tortura, pero en esa posición y con ella intentando hacerle cosquillas lo era, además a él no se le tenía permitido reír. 

La segunda, caricias, comenzó a deslizar las yemas de sus dedos por su torso desnudo, rozando con timidez cada rincón de su cuerpo dando rienda suelta a aquella tortura.
La tercera, susurros al oído rozando con premeditación el lóbulo de su oreja con sus labios mientas susurraba otro tipo de torturas.
La cuarta, aguantarle la mirada con deseo, mientras ella se balanceaba poco a poco notando la excitación de su preso. 

La quinta tortura que ejerció consistió en lamerle los labios mientras él no tenía permitido moverlos. 

La sexta, acercar su pezón a la boca de él, parando en la distancia justa para que él no lo alcanzara. 

La séptima, lamer uno de los dedos de él, sólo uno, mientras le miraba desafiante. 

La octava, recorrer su propio cuerpo con el dedo aún húmedo de su preso, haciéndole consciente del deseo de ella y de su respiración agitada a medida que el dedo recorría centímetros de su cuerpo. 

La novena, tumbándose sobre él, rozando ambos cuerpos desnudos, y besarle con deseo, con furia, con fuerza como si con un solo beso le pidiera terminar la peor de las torturas, poseerla.

La décima, salir del cuarto.

Volvió un par de minutos después, vestida y con aquella máscara, aún colorada por la excitación que seguía teniendo. Él la observaba atónito temiéndose lo peor, Arena se acercó y ante la aturdida expresión de su preso, le liberó. Éste continuaba atónito cuando ella le dijo:

- Décima tortura, la peor de todas, irme sin terminar lo que he empezado y deseo tanto como tú.

Él pensó en decir algo para detenerla, pero no pudo, tenía razón era una gran tortura, además la situación le dio tanto morbo que se juró a sí mismo devolverle la tortura. 
Arena salió de allí sin mirar atrás pues sabía que era muy complicado aguantar ese deseo, los muslos aún le ardían, pero al igual que a él, la situación le daba tanto morbo que consiguió su propósito.
Una semana después Arena como cada mañana acudió somnolienta a su tienda, al ir a abrir el cierre encontró una rosa con una nota.

- ¿Cómo no reír contigo?

Arena algo extrañada no supo interpretar el mensaje, tardo casi medio día hasta que pensó que podía ser él. Descartó la idea al segundo, ¿Cómo podía haberla identificado si ni siquiera le había visto la cara?

A la mañana siguiente otra rosa, otra nota:

- Notar tu dedo recorriéndome fue una tortura, pero más aún ver tu cara de deseo mientras lo hacías.

Sin duda era de él, aquellas dos notas hacían referencia a su tortura de los pequeños placeres. Volvió a notar la excitación de aquél día y su cuerpo se estremeció. Tardó gran parte del día en poder calmarse, no sabía lo que estaba sucediendo pero aquella situación comenzaba a encantarle.
Las notas fueron sucediéndose, una cada día y haciendo siempre alusión a las diferentes torturas:

- Tu voz me torturó aún cuando te habías ido.

- El balanceo de tus caderas fue una tortura de lo más excitante.

- El sabor de tu lengua en mis labios, mmm ¡qué deliciosa tortura!.

- Alejarme esos centímetros de ti, tortura que me enloqueció.

- Permitirme rozar tus labios, torturó mis deseos.

- Comprobar tu excitación aunque fuera con un dedo, fue una tortura que repetiría en cualquier momento.

- Con la penúltima tortura pensé que había terminado todo
.

A lo largo de la semana había imaginado mil fórmulas para el undécimo día, y su excitación aumentaba con cada nota, cada recuerdo.
Así llegó el décimo día, en el que ella esperaba otra rosa con otra nota. No fue lo que encontró. No había nada. Desilusionada pensó que tal vez no haber hecho nada para responderle había provocado que éste se cansara. Anduvo cabizbaja todo el día pensando qué había hecho mal.

Al caer la noche, cerró la tienda aún ensimismada, justo al girarse tras echar el cierre le vio, frente a ella. Esos ojos eran inolvidables. En la mano él llevaba un ramo de rosas, con una nota. Se lo entregó sin decir palabra, ella algo sorprendida sacó la tarjeta pudo leer:

- Torturadora de los sentidos, ¿abolimos la décima
?
Aquella excitación que había acumulado con las notas y la cita volvió a surgir en un instante, le observó y se limitó a asentir, no era capaz de hablar. Él se acercó con la misma seguridad con la que Arena cruzó la puerta del dormitorio desnuda aquella noche, la cogió de la cintura y la atrajo contra sí, haciéndola partícipe de que también él recordaba aquella excitación. Y allí, en aquel callejón estrecho y a pesar de que pudieran aparecer miradas indiscretas comenzaron exactamente donde lo habían dejado…

30 comentarios:

  1. Guaauuuu! Un relato muy estimulante... Un beso.

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  2. Woooow, otro relato de pepinillo picante... mmmm.. este me ha gustado mucho mas, esta muy trabajo, destila sensualidad en cada palabra. Muy bueno, si señora.

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  3. uffff, ufffffff, uffffff, no sabria con que tortura quedarme.

    Muy bonito relato, me ha enganchado desde el 1º momento, como dice Nerea destila sensualidad en cada palabra, te felicito.

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  4. Qué excitante, darling, si no fuera porque estoy estudiando. xD

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  5. genial. me gustan la historias con final feliz!

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  6. Bravo, Ana! Me ha encantado! Malota, precisamente hoy... :)

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  7. El sexo, el dolor y el amor son experiencias límite del hombre. Y solamente aquel que conoce esas fronteras conoce la vida; el resto es simplemente pasar el tiempo, repetir una misma tarea, envejecer y morir sin saber realmente lo que se estaba haciendo aquí.
    El relato, para la sonrisa vertical, directamente.

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  8. Me ha gustado mucho: muy buena calidad literaria. Además la historia está muy bien pensada y llevada con muy buen ritmo.

    Este relato tiene que estar contribuyendo al calentamiento global... ;D

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  9. Muy buena historia. Eso es lo que hay que hacer, dejarse de tanto meme ese y que cada una escriba un relato ahora que viene el invierno.

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  10. El relato ha sido una pasada. Parece que te da vergüencita, jajaja. Más que nada porque no has escrito nada aludiendo al relato o a cómo estás hoy... aunque, si me baso en lo escrito... mejor dejo de decir payasadas.

    Esta noche se lo leo a mi churri, jajaja.

    Un besote.

    PD: Me ha encantado el nombre de la chica.

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  11. Tia, menudo post!! he llagado agotado al final, ya ni me acuerdo de como empezaba ja ja ja. Menudo rollo tienes ja ja ja

    Besazos loca ;P

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  12. JOder, que bueno Ana!! Me ha gustado mucho mucho!!
    Vaya toruturadores!! menos mal que hay final feliz! jejeje

    Un besazo!!

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  13. Me voy a dar una ducha jajaja

    Los visitors me agotan y secuestran ;D
    Te espero por aqui!

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  14. Uooo me ha encantado! :) Todo muy sensi y con un atmósfera que engancha. Enhorabuena.

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  15. Muy interesante :D Tendré que buscar a una torturadora de estas :P

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  16. Me gustó el relato...Tu blog va a toda máquina ahora, jajaj. Un beso.

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  17. Mola tu relato, muy bien lo que cuentas y cómo lo haces.

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  18. Celia, ha abierto la veda, y ahora lo veo todo en plan erótico-pornográfico!!

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  19. mmmm la verdad es que... bufff. No se, muy bien :-)

    Un abrazo

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  20. Ojito que la Pepinillo nos caldea el ambiente del blog jaja

    Muy buen relato, a ver si va a ser una experiencia autobiografica de nuestra Pepinillos porque parece muy real...

    Saludos, Juanjo.

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  21. Iba a comentar, pero me he quedado acojonao.
    :)

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  22. El relato me ha parecido genial, Ana. Encima, muy bien escrito. Y muy excitante, eres la caña, nena. Menos mal que la cosa se culminó, si no, ¡pobrecillos!, imposible dejarlos con la miel en los labios.
    Besitos.

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  23. Qué, nos ha dado por la lectura cochina eh!! quien es guarro ahora... jajajaja

    La 10º es una tortura muuuuy fea. xD

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  24. JL, jajaj gracias un besito.

    Jesús, anda que eliges una Light eh…a mi me gustan todas juntas. Besines.

    Nerea, alguno más hay por el blog, aunque intento que pasen algo desapercibidos. Muchas gracias. Un besito.

    Maripili jajajjajaja ahhhh.

    María, todas molan, ¿Por qué quedarte con una? Muchas gracias por tus palabras. Besos.

    Alex, he flipado con tu edad, te hacía un tío mucho más mayor. (Creo que Blogger se ha comido tu blog de mi lista…) sigue estudiando. :D

    Raúl, claro, se casaron y tuvieron niños :D

    Ada, muchas gracias guapa. Jajajajajja si lo que yo te diga, tenemos todas una racha… mala mala.

    Pitt, uis me dejas sin palabras. Uis. :D besito.

    Tarambana, muchas gracias, me gustan las críticas, así que si me dices que algo está mal, me gustará también. Jajajaja no es erótico, los tengo peores.

    Españoleto, jajajajajjaa tengo alguno más por el blog si tienes frío. Consulta en la pestaña de relatos o sexo. Besos.

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  25. Sandra M. tu me conoces siempre me da vergüencita jajajaj qué voy a decir, es un relato que ya estaba colgado por el blog y cambié un poco las cositas. Estoy genial, sino os diría algo, jajajaja me tienes muyyy calada, mucho. Si engendráis niña que se llame Ana :D besos prendaaa.

    Dani, jajajajajja eso es que venías a leerme después de tus kilómetros de carrera. Un besito liante. Era un fular.:D

    Gybby, muchas gracias, jajajajaj si, puede decirse que hay final feliz. Besitos.

    En las nubes, así me gusta, duchas calentitas que hace frío. Los visitors molan. Besos.

    Utopía, jaja muchas gracias.

    Kobal, donde menos te lo esperes kobal… ándate con ojo.

    Doctora anchoa, muchas gracias guapa, aunque también se puede criticar, acepto críticas :D

    Fran, la veda llevaba mucho abierta, pero sí, será algo que está en el ambiente… auque creo que lo mío pornográfico no era lo más que digo es pezón.

    Pk1976, jajajajajja el don de la palabra no te lo veo. Besitos.

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  26. Juanjo, jajajajaj si es porque hacía rasca y demás. Mola quedarte con las dudas de si pasó o no, verdad? Jajajjaja besines.

    Sergio, jajajajaja cagón. Además sabes que soy inofensiva.

    Jana la de la niebla, muchas gracias guapa. Me gusta eso de dejar las cosas para otro momento, luego se disfrutan un montón ¿no? Besines

    Bite, jajajaj soy una cochina, no puede ser. :D la 10º mola un montón. Besiitos

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  27. que bien escrito ana!! felicidades!

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