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viernes, 4 de febrero de 2011

Cartas

Ana tenía unos 11 años, pasaba las tardes de verano jugando y divirtiéndose, sin preocupaciones, pasaba horas montando en bici con su buena amiga Rocío, leyendo,  cantando y bailando en el borde de la piscina (a pesar de las regañinas que se llevaban por hacerlo) y “pegándose” con los chicos del barrio, siempre le gustó dejar claro que nadie le vacilaba.
Una calurosa tarde Ana y su hermana decidieron mandar un dibujo al tebeo de un periódico, para que publicaran el dibujo debía ir acompañado de una carta pidiendo conocer gente. Tras un concurso en el que participaban ambas con sus dibujos, su hermana ganó, por lo que Ana tuvo que escribir la carta, decía así:

“Hola soy Ana, tengo 11 años y me gusta montar en bici y leer.” Esas pocas líneas servían para que el dibujo saliera también publicado.
Los siguientes días Ana y su hermana buscaban ansiosas la publicación de su dibujo, en ningún momento pensaron en la carta.
El dibujo apareció publicado junto con la carta, ambas contentas y orgullosas mostraron su logro a toda su familia, como niñas, a los tres días lo habían olvidado.
Días después comenzaron a llegar muchas cartas, muchísimas, de niños y niñas de todas las ciudades, todas para Ana, todas ofreciéndole su amistad. Ella comenzó contestando a todas, el primero día llegaron 10. A medida que iba a contestando llegaban más, las correspondientes a las respuestas de sus nuevos amigos y las de aspirantes a nuevos amigos. Todo empezó a ser bastante caótico y Ana no daba abasto, por consejo de sus padres decidió ir respondiendo a algunas, a otras, sintiéndolo mucho, no.
Con el paso de los meses algunos nuevos amigos dejaron de escribirle, de modo que poco a poco todo fue normalizándose. Entre aquellas primeras 10 cartas se encontraba la de Nacho. Él tenía un año menos que ella, pero ambos compartían aficiones y eso les unió.
Poco a poco Nacho y Ana iban contándose sus vidas, llegó el cumpleaños de ella y él la llamó para felicitarle, meses después el de él. Así su relación se fue consagrando. Se escribían cartas semanalmente, dos, tres folios, se contaban de todo, tanto que un día se confesaron que ambos siempre habían deseado tener un diario, pero que debido a esa amistad ya no lo necesitaban.
Fueron cumpliendo años, creciendo, pasaron por la pubertad, la adolescencia y mientras seguían escribiéndose con la misma frecuencia, además intercalaban llamadas mensuales para hablar todo aquello que habían ido dejando en las cartas.
En su 16 cumpleaños tanto él como sus padres  invitaron a Ana a pasar unos días en su ciudad, ella tímida no quería pasar unos días con una familia que desconocía, aunque estuviera allí uno de sus mejores amigos. Alegando distintas excusas decidió que lo mejor era invitarle a él. También se excusó.

Fueron pasando los años y ambos iban creciendo, empezaron a dar más de lado a las cartas para pasar al teléfono, era más directo. Se llamaban cada pocos días y pasaban cerca de una hora hablando.
Cuando Ana tenía 22 años recibió una llamada de Nacho, ¡venia a su ciudad! Decididamente se iban a conocer, venía a pasar unos días a su casa. Ana estaba nerviosa, por un lado conocería a su amigo, pero por otro, la vergüenza le podía.
Durante los primeros minutos ni el ni ella sabían a qué lado mirar, ni sobre qué hablar. Pero poco a poco consiguieron sentirse cómodos el uno con el otro, se contaron de todo, ya estaban acostumbrados, recordaron cartas, llamadas y juntos rieron memorando las fotos que de niños se habían mandado. Pasados los días Nacho volvió a su ciudad y la relación entre ambos a su estado de siempre, seguían llamándose y con la incorporación de las nuevas tecnologías mandándose correos.
A medida que los años pasaban Nacho le pedía a Ana que fuera a visitarle, se lo debía, pero Ana por unas cosas u otras no podía ir nunca, siempre le prometía ir en cuanto tuviera ocasión pero no fue así. Los estudios y el trabajo de ambos hacían incompatibles las visitas. Cuando Ana dejó de trabajar Nacho le volvió a invitar, ella no podía pues en ese momento no tenía ingresos para invertir ni en un mínimo viaje, él se ofreció a pagarle todo, cualquier cosa con tal de verse, ella orgullosa (siempre lo fue) no aceptó que le pagara nada y le prometió ir ese mismo año.

Han pasado unos años de aquello y aún siguen llamándose, no han vuelto a escribirse pero al menos reciben una llamada mensual o quincenal, ambos están al tanto de los cambios de sus vidas, y ambos están deseando volver a verse, esta vez como hombre y mujer, pues los años han ido pasando. ¿Volverán a verse? Ana, ha prometido ir este año.

Pd. Aún conservo las cartas. 

17 comentarios:

  1. Ah, el maño.
    Bonita historia..., muy bonita. No dejes que esta historia se "rompa" nunca.

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  2. que bonito..pocos pueden presumir de una amistad así!!!!! valorala y conservala! un beso guapa

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  3. Ah pero que bonita historia! en un principio pensé que se trataría de algún cuento pero resulta que es un relato de tu propia vida. Me ha encantado.
    Que esa amistad dure siempre!
    Un abrazo.

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  4. Pues no las tires nunca, siempre serán un buen recuerdo, además de preciosas..
    Por cierto, ya he vuelto! hahaha
    Un beso!

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  5. Rombo, he visto que la tenía por aquí escrita del día que me lo pediste :P
    Bi-polar es rara pero bonita.
    Gracias guille! eso espero
    Chica, hombre... eso es que has terminado los exámenes! espero que todos genial.

    No pienso (ni él) dejar que la amistad acabe así como así, por lo pronto llevamos 18 años y seguro que dura mucho más (por cierto, nos hemos visto dos veces más, algo fugaces) Besitos a todos!!!

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  6. Esto..., Me ha gustado tanto que me he permitido el capricho de volver para leerlo de nuevo...

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  7. Qué bonita historia... qué bien escribes, Ana. Eres toda una artista y te felicito porque dinero no tengo y caricias (de las mías) no quieres... jajajaja

    Besos.

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  8. Los protagonistas de esta bonita historia merecen algo más que un simple encuentro, algo más que un simple roce de los abrigos...
    Seguro que a él no le importa. Los maños es lo que tenemos.

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  9. Muy bonito Ana, no rompas ahora el hilo, esto es precioso.

    Besos enormes

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  10. Jajajajja Rombo, admite que te gusta porque es maño!!
    Towanda, de las tuyas molan pero no en algunos sitios :P

    Ehhh no no no pitt, los protagonistas son AMIGOS sin más. A veces, pasa.

    Gracias Dani!!

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  11. Al principio me sonaba la historia, y un poco más adelante lo he confirmado :-)

    Pues ya sabes, Ana le debe una visita a Nacho y lo ha prometido, y no cumplir las promesas está feo y deteriora la amistad, así que quiero ver el día que la señorita hace las maletas.

    Y a este paso acabará con todas las excusas habidas y por haber...

    Muack!

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  12. Ana, que sea maño no tiene nada que ver. Ya ves, he vuelto una tercera vez. Y esto no es normal en mí, ya que solamente suelo pasar una vez por cada entrada de cada blog.
    Es una historia que traspasa los sentidos.
    Te confieso un secreto: (cuando yo tenía 15 o 16 años me escribía con una chica de Madrid...Lo hicimos durante 7 u 8 años...). Bueno, ahora prefiero no hablar más del tema...
    Besos.

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  13. Dama! jajjajaja tu le conoces, creo. (ahora no me acuerdo si llegaste a venirte o no)
    sin duda Ana cree que este año es el definitivo, le debe más de una visita y las excusas empiezan a sonar menos convincentes, además tiene ganas de verle las barbas (no puede dejar de recordar la cara de niño que conoció y plantarle barbas)

    Rombo, ummm vuelves porque te toca de cerca eh. Son muchos años la verdad, y entonces supongo que me entenderás, ¿la llegaste a conocer?
    Besetes!!

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  14. Solamente por teléfono... y por fotos, y por cartas...cientos....miles de cartas. Mira, alguna vez suelo tener la siguiente pesadilla. Paso por mi ex casa, entro en el patio, y veo mi ex buzón... Veo que está repleto de cartas y medio abierto. Miro, y son cartas a mi nombre. Lo abro y cae a mis pies una cascada de cartas...es como un buzón sin fondo... Me las quiero llevar todas. Pero no puedo... Necesitaría un furgón o más para llevarlas... Este sueño lo he tenido varias veces.
    Son historias que marcan mucho. Fue mi mejor amiga (y sin verla). Hablábamos de todo, pero de todo, todo...de sus amores, de mis amores, etc, etc...

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  15. Y supongo que me quedo sin saber qué paso, tiene pinta de que fue algo no demasiado bueno.

    Yo conservo muchisimas cartas, (aunque en la mudanza perdí alguna) y es lo que dices, era mi mejor amigo y sabía todo de mi, aún mantenemos una confianza extrema, no me da verguenza contarle nada, pero si te soy sincera cuando nos vimos me di cuenta de la gran diferencia que había entre él y yo. no sé si me explico porque es extraño, pero somos muy diferentes tanto que pensé que si nos hubiéramos conocido en persona primero no habríamos sido amigos.
    ¿somos raros rombo?

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  16. No sé si somos raros...creo que no. En otro lugar y en otro momento, te contaré todo.

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