A ver qué encuentras...

domingo, 23 de enero de 2011

Yo, para ser feliz, quiero un camión.

-          Irene, ¿has elegido ya  lo que quieres para Reyes?
-          Siiiiiii, mamá. ¡Un camión!- dijo Irene ilusionada.
-          ¿Un camión?, ¿por qué no te pides una muñeca? – dijo su madre algo contrariada.
-          Porque quiero un camión, las muñecas son un rollo.

Aquella misma noche cuando Irene y su hermano Diego estaban acostados, Patricia, su madre comenzó a hablar con su marido.
-          Cariño, Irene me tiene preocupada, le pregunté hoy qué quería para Reyes y me dijo que un camión.
-          ¿Un camión?
-          Si, eso dije yo, ¿un camión? ¡Pero si es una niña! Deberían gustarle las muñecas, no los camiones.
-          La verdad es que es algo raro, pero si lo quiere…
-          No, no, me da igual que lo quiera, un camión no lo va a tener. Es una niña y quiero que siga siendo una niña. – contestó Patricia subiendo el tono, su marido se limitó a asentir  en silencio y seguir viendo la tele.

Diego se había levantado al baño y al oír voces, acercó la oreja a la puerta del salón, escuchó la conversación de sus padres y sin mediar palabra volvió a la cama de una carrera.
Una semana después los Reyes ¡habían llegado!, Irene se levantó aún dormida y salió del cuarto con los ojos medio cerrados, corrió a la habitación de Diego y le despertó al gritó:
-          ¡Que ya han venido los Reyes!- despertando así a Diego.
-          ¡Es verdad!, ahora voy Irene, tengo que hacer pis.
-          ¡Vale!, ¡Voy a despertar a papá y mamá!

Irene después de despertar a sus padres se reunió con Diego en el salón, lugar habitual donde los Reyes dejaban todos sus regalos.  Al entrar descubrieron multitud de paquetes tras el zapato de cada uno. Irene buscó el más grande, segura de que allí estaría su apreciado camión, lo desenvolvió en un periquete, pero su cara se entristeció al comprobar que aquello no era un camión sino una casita para la Barbie, siguió abriendo paquetes sin apenas prestar atención a su interior. Cuando llegó al último entendió que los Reyes no le habían traído ningún camión, en su lugar, le habían colmado de muñecas, vestidos, elementos de cocina y demás juguetes que ella no había pedido.

Cabizbaja arrastró los pies a su cuarto, no tenía demasiadas ganas de jugar, al entrar en su habitación comprobó que sobre la cama había un paquete, uno más. Corrió a abrirlo y al retirar el papel sus ojos se abrieron  formando el mismo círculo que su boca, y un pequeño e inaudible ¡Oh! Salió de su garganta. ¡¡Los Reyes sí le habían traído un camión!! Comenzó a gritar como loca, saltó en la cama, y celebró una y otra vez aquel regalo.
Diego y sus padres acudieron a su habitación al oír tanto ruido. Patricia miró extrañada y aturdida a su marido, éste se limitó a encoger los hombros evidenciando que no sabía nada.
Diego se limitó a sonreír. Sin duda era lo mejor que podía haber echo con el dinero que tenía ahorrado. Hacía tan solo dos años que él había descubierto el gran secreto de los Reyes, y ahora se alegraba de saberlo.

Pd. No dejo de tararearla.

7 comentarios:

  1. Si empiezas a tararearla...no paras, jjajajj

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  2. ¡Cómo me gusta que las niñas sean un poco menos "niñas" y no pidan muñequitas y cocinitas! Si le gustan los camiones... pues un camión. Y es que yo era de las que pedían un balón de fútbol (y, aunque no fallaban, también tengo una colección considerable de Nenucos y Barbies... jajaja)

    "Yo para ser feliz quiero un camión..." Vaya, ya me las has pegado.

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  3. Demasiado tarde...llevo un buen rato con ella...jjajajaj.

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  4. Jajajaj lo siento rombo, al menos no te ha dado por soy un truan soy un señor (lalalalaaaaaaaaaa) que a mi esa me da muchas veces. Por cierto, algún día haré fotos de mi bocata preferido.

    Dama, estoy contigo basta ya de estereotipos. Yo siempre jugué al fútbol, montaba en bicicleta y no tuve más que una barbie, y pegaba a todos los niños del barrio y mirame, que llevo las uñas pintaitas y todo últimamente jajajajja. Luego te llamo, mañana pienso (autogastigarme) estudiar en tu biblio (infinitas horas)

    Besos a los dos. Os habeis dado cuenta de que no me besais? Gentuza!

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  5. Anda, mosqueona... Un besete, un besazo, un besote. MUACK!!!

    Después de esta espontánea muestra de cariño, mañana al menos me invitarás al café, ¿no? jajaja.

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  6. Me lo pienso, creo que te invitaré sólo porque sé que estás mirando los relatos...

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