A ver qué encuentras...

domingo, 31 de octubre de 2010

Lo admito, no paro.

Soy inquieta e impaciente. Tanto que he descubierto porque nunca las uñas me quedan bien pintadas (si, admito que no soy capaz de pintármelas sin salirme, pero no es eso) es porque no soy capaz de estar 5 minutos sin hacer nada.


Tan inquieta que las pelis se me hacen largas a pesar de que me gusten

Tanto que siempre que tomo un refresco termino quitando la pegatina, rompiéndola en minúsculos trozos y jugar con ellos hasta que termino por meterlos en la botella vacía (en caso de no haber pegatina, me sirve una servilleta).

Tanto que mientras estoy en el MSN manteniendo una conversación necesito hacer un par de cosas más, o me aburro.

Tanto que mientras estudio doy vueltas al bolígrafo entre los dedos, a veces sin ser consciente de ello.

Tanto que si abro los ojos al despertarme no puedo estar tumbada en la cama o me empieza a doler la tripa (si, llegado a este punto os habéis dado cuenta de que también soy rara).

Tanto que soy incapaz de ver a mi sobrino y no liarle para jugar algo (dícese mi sobrino o niño que pase por mi vera).

Tanto que en la peluquería me pongo nerviosa, me cuesta mucho estarme tan quieta que no para de picarme todo.

Tanto que jamás aguanté una mascarilla de la cara los minutos que se requieren, también me pica todo.

Tanto que los minutos previos a un examen no soy capaz de estarme quita, necesito andar, hablar, salir de clase, e incluso tanto que más de una vez he dejado el examen casi sin terminar por no estar tanto tiempo allí.

Tanto que necesito música para leer e incluso para estudiar (si, ya se que es malo…)

Tanto que “me aburro” comienza a ser mi frase más repetida al cabo del día.

Tanto que cuando veo un sudoku, crucigrama o sopa de letras, no me resisto a no resolverlo aunque sea, lo hago mentalmente.

Tanto que de pequeña no jugaba con las muñecas porque eran demasiado paradas para mí, dormían, comían ¿y luego?

Tanto que no soy capaz de pensar en algo sin asociarlo a otro pensamiento y otro y terminar así en un punto muy lejano al de partida.

Tanto que el día que me compré la estantería y la silla en el Ikea a pesar de que me dijeron que la montarían otros no fui capaz de esperarme y tuve que hacerlo yo. (La estantería fue un show porque levantarla era complicada me sacaba un buen trecho y pesaba lo suyo). Por cierto, lo desmontar muebles del Ikea me viene de familia, aprovecho para ofertar mis servicios y los de mi hermana como montadoras oficiales de muebles del Ikea (lo que mola).

Tanto que pretecnología y tecnología eran unas de mis asignaturas favoritas (a pesar de que mis compañeros eran chicos y me limitaban el trabajo)

Tanto que no soy capaz de entrar a una tienda sin tocar nada.

Tanto que tras la ducha, me envuelvo en la toalla y tal cual, chorreando aparezco en mi cuarto y sin secarme en exceso comienzo a vestirme. (Marca de familia, mi hermana también lo hace)

En definitiva soy inquieta e impaciente, pero tranquila. ¿Y vosotros?


P.D. Tenemos una nueva amiguita en el grupo… Elenita (espero que me llame tía tan pronto empiece a hablar)

sábado, 30 de octubre de 2010

Buenas Noches

Suena el despertador, aturdida golpea la mesa en busca de aquel torturador aparato que perturba su sueño, el momento más feliz del día. Para cuando consigue localizarlo todo su ser ha vuelto a la realidad.


Despierta, estira cada músculo de su cuerpo antes de incorporarse. Una vez en pie, sube la persiana, comprobando que aún es de día, Otro día más, piensa con desprecio.

Acude al baño para asearse, no sin antes tapar con recelo el espejo del mismo con una toalla. No le gusta la imagen que le devuelve y es más fácil ocultarla que cambiarla.

Bajo la ducha repasa mentalmente lo que necesitará comprar en el mercado, buscando así hacer la tarea lo antes posible, pues no le gusta pasear de día.

Se viste sin secarse bien el cuerpo, las gotas de agua impiden que su ropa se deslice con facilidad, retuerce su cabello para escurrir el agua y aprisionarlo con una pinza. Sale del portal sin apenas hacer ruido, mira al suelo, evitando así las miradas de quienes se cruza.

Minutos después está en su casa de nuevo. Nunca pensó que pudiera odiar tanto cuatro paredes, aquella pequeña habitación a duras penas podía llamarse casa., era asfixiante, demasiado pequeña para ella y sus cosas. Intentó limpiarla y ordenarla, pero la falta de espacio siempre le ganaba la batalla.

Para cuando terminó se había hecho la hora de cenar y marcharse.

Se desnudó de nuevo, del cajón inferior sacó una estrecha falda, demasiado estrecha y demasiado corta, tal vez ni tan si quiera era una falda. Sin ponerse las bragas se embutió en ella, acompañándola con una camiseta escotada, dejando a la vista ajena la mitad de sus voluptuosos pechos. Liberó el pelo de aquella pinza y con el espejo aún tapado se secó el pelo, quitándole así la humedad que quedaba en él.

Aún sin mirarse consiguió maquillarse, antes, si se miraba, pero el reflejo le hacía llorar, cada cicatriz de su cara de su pecho le hacía revivir las batallas vividas. No era capaz de ver sus ojos en el espejo, hacerlo le recordaba que no estaba viva, a veces intentaba recordar en qué momento murió, pero no era capaz hacerlo.

Cada noche en aquel baño mientras pintaba su cara, soñaba con pintar también su vida. Introducir en ella tonalidades de colores que hacía años que no era capaz de ver, el blanco de una sonrisa sincera, el azul del cielo, el verde del campo, el amarillo del sol, el rojo de un corazón latiendo con pasión; llevaba años viendo las mismas tonalidades, negro de la noche, azul de la policía, el verde del dinero y el amarillo de los dientes, que sí, sonreían pero no de la forma que ella deseaba.

Se arrepentía cada noche de la decisión que había tomado, porque al fin y al cabo, morirse fue decisión suya. Al decidirlo, había sido consciente de cuanto echaría de menos su vida.

Una vez arreglada, sacó del cajón superior unas bragas limpias y las metió en su pesado bolso.

Cuando por fin estaba preparada para salir, se dirigió al baño nuevamente y retiró la toalla que tapaba el espejo. Serena se observó un rato. No para comprobar el estado de su maquillaje o la combinación de su ropa, ni para observar sus cicatrices, ni su mirada, sino para recordar su cara, tal vez la próxima vez que la viese sería distinta, o puede incluso que no la volviese a ver más.

Apagó la luz y cargó con su bolso, tan pesado como su culpabilidad, su vergüenza y su asco.

Al salir del portal caminó calle abajo mirando al frente, de noche nada le importaba, caminaba buscando una mirada, que se posara en ella, interesada, que le ayudara a volver pronto a casa aquella noche y a soñar nuevamente hasta que el maldito despertador le trajera de nuevo a la realidad.

Buenas noches.

martes, 26 de octubre de 2010

Carlos rebuscaba por la habitación, lanzando ropa a diestro y siniestro, levantando papeles y descolocando cojines. ¿Dónde coño estará el maldito teléfono? Desesperado decidió gritar y patalear cual niño pequeño, sabía que así no lo iba a encontrar pero al menos liberaría la tensión del momento, justo en ese instante el teléfono sonó. ¿Seré idiota? ¿Cómo no se me había ocurrido llamarme con el teléfono fijo?, tardó un par de segundos en encontrarlo, estaba en el bolsillo derecho de su chaqueta, la cual se encontraba extendida por el suelo tras su lanzamiento de ropa.

- ¿Si?

- ¡Carlitos!, soy Sergio…

- ¿Sergio?

- Sí, Sergio, Sergiete… Macho… Sergiete el del Picasso.

- ¡Coño, Sergiete! Pero ¿Cuánto hace que no nos vemos?

- Uff, he perdido la cuenta ya. Te llamaba por eso, estoy organizando una fiesta, para los antiguos alumnos del Colegio Picasso. ¿Te apunto, verdad?

- ¡Claro! ¿Cuándo es?

- El próximo viernes, te mando toda la información a tu correo.

- Hecho.

- Un abrazo amigo

- Otro.

Cuando Carlos colgó, ya no recordaba para qué buscaba con tanto ímpetu su móvil. Sergiete, cuánto tiempo sin saber de él. ¿Cómo estará? ¿Y los demás? ¿Habrán cambiado mucho? Él lo había hecho. Y no sólo físicamente.
Rebuscó entre su ya caótica habitación y bajo algunos papeles encontró un viejo álbum de fotos. Ahí estaban todas las fotos de sus años de colegio, excursiones, representaciones, todo.
Apartó la ropa de su cama y se desplomó en ella boca arriba, con el álbum sobre su pecho, cada foto iba unida a un recuerdo. ¿Qué sería del resto de la pandilla? Le costaba incluso recordar algunos nombres y tan solo habían pasado 20 años. ¿A caso eran tantos?, se detuvo en una foto de clase. Recordó casi cada cara al verla, cada sensación, su colegio, su clase. Y hasta la recordó a ella. En la foto aparecía junto a un par de chicas, amigas supuso, porque realmente de ellas no se acordaba. Sólo de una, de Paula. Morena de ojos grandes y expresivos. Era guapa, guapísima. La chica más risueña que había visto jamás, la más sensible, y la más… ¡Rara! Por un momento revivió un episodio vivido 20 años atrás.

- Hola Paula

- Ah, hola Carlos, no te vi.

- Jeje, normal, con ese libro tan gordo entre manos, ¿Te obligan a leerlo?

- ¿Obligar? No, lo leo porque me gusta, siempre me ha gustado.

- ¿Ya lo has leído? – preguntó algo contrariado.

- Si, claro.

- Umm, ¿Y para qué lo lees si sabes el final?

- Porque cada vez que lo leo me fijo en una historia nueva del libro, en un detalle que antes había pasado desapercibido. – Carlos, tímido no supo qué contestar a eso, era algo raro, si, pero la pasión con lo que ella lo había dicho, sus ojos. Ojala algún día sus ojos brillaran así por él.

- Esto… Paula, que… quería decirte…. – Carlos comenzó a ponerse nervioso y a notar como toda la sangre de su cuerpo acudía a sus mejillas.

- ¿Sí, Carlos?

- Me gustas. – Soltó sin pensárselo dos veces. Paula le miró a los ojos, algo sorprendida, sus labios levemente indicaban una o de sorpresa, que supo disimular a tiempo.

- Gracias, tú también eres genial. – Definitivamente no quedaba ni una gota de sangre que no estuviera en sus mejillas.

- He pensado, que si quieres, que… tal vez… podemos quedar y bueno… que si… - notaba como las palabras se empezaban a apelotonar entre sus labios y no pudo contenerlas.- ¡¿Que si quieres salir conmigo?! – Pillo a Paula por sorpresa, por lo que tras unos segundos en silencio le miró fijamente.

- No sé si es una buena idea, hagamos algo, ¿vale? Dejémoslo al azar.

- ¿Cómo hacemos eso?

- Mira, cada día abro el cajón de los calcetines y con los ojos cerrados cojo dos, al azar, unas veces son la pareja y otras no. El día que abra el cajón y los calcetines sean pareja, tú y yo también lo seremos. ¿Qué te parece?

- Umm, bueno… supongo que es mejor que nada… - Dijo Carlos tímido y avergonzado ante aquel rechazo, Paula lo notó y se acercó a él, dándole su primer beso, suave, dulce y delicado, posando sus labios ligeramente sobre los de él, tras el beso le susurró al oído:

- Estoy deseando que sean pareja.



Carlos sonrió al recordarlo, qué rara era. Durante meses, años, Carlos miraba a diario los tobillos de Paula, deseando cada día que fueran del mismo color. Dos años más tarde Carlos se mudó y con él toda esperanza de tenerla. ¿Qué sería de Paula? ¿Estaría también en la fiesta?

Su móvil volvió a sonar y le sacó de su letargo, había quedado y llegaba tarde. Lanzó el álbum a un rincón del cuarto, total, una cosa más.

El viernes por la mañana Carlos recibió un e-mail:

Carlitos, soy Sergiete.
Te paso la dirección de la fiesta
C/ Sinrumbo nº 7.
Estoy deseando verte, la fiesta es a las 11, no faltes, estaremos todos.

Había olvidado por completo la cita con sus ex compañeros, menos mal que Sergio estaba al tanto de todo. Salió tarde de trabajar, con el tiempo justo de darse una ducha rápida, cenar algo, imprimirse la dirección de la fiesta y dirigirse allí.

Al llegar le abrió Sergio, estaba igual el muy cabrón, más guapo si cabe, siempre fue alto y corpulento. Le saludó con un fuerte abrazo, en el mismo instante que se abrazaban se dio cuenta de que nada había cambiado, seguía siendo su amigo Sergiete.

Entró en la fiesta y fue saludando a unos y otros, algunos más guapos, otros más altos, más viejos, más gordos, más calvos, había de todo, pero en el fondo reconocía a todos sus compañeros, las sonrisas no habían cambiado.

Se acercó a un grupo por el que aún no había pasado. El de las chicas, a algunas no las recordaba, se estaba presentando cuando una de ellas volvió del baño, con su melena negra, sus ojos enormes y brillantes a la par, y aquella sonrisa, por un momento Carlos notó como el calor se le acumulaba en las mejillas, era ella, sin duda. Cuando Paula le vio sus ojos brillaron con más intensidad, se alegró y le dio el abrazo más largo, sincero y tierno que él había sentido en aquella fiesta. Tenerle entre sus brazos le hizo sonrojarse aún más, olía dulce, deliciosa. Tras separarse del abrazo ella continuó sujetándole la mano. Aquel contacto con su piel le estremecía. Rieron y comentaron cosas del colegio, situaciones absurdas, profesores, aquel pequeño corro se fue uniendo gente, en algún momento las manos de ambos se soltaron para saludar a un nuevo componente y no volvieron a unirse más.

Carmelo y Rubén se acercaron a Carlos y entre abrazos y bromas se le llevaron a la barra a tomar algo juntos.

La fiesta cada vez estaba más llena y la alegría de todos por volverse a ver hizo casi imposible mantener una conversación demasiado íntima con nadie, todos querían saber de todos.

Sobre las 5, Carlos borracho y cansado decidió retirarse de la fiesta, buscó con anhelo a Paula pero no la encontró, se había marchado ya. Tras recoger sus cosas, teléfonos y correos del resto de sus compañeros, se despidió de los que aun quedaban y se marchó a casa.

Los días siguientes intentó ponerse en contacto con sus compañeros, tenía los datos de muchos de ellos, pero de Paula no. Intentó localizarla pero por más que lo hacía no daba con ella. Nadie había guardado su teléfono.

Aquel martes Carlos volvía a casa más cansado de lo normal, el día había sido bastante largo en el trabajo y necesitaba tumbarse y dejarse llevar viendo algún partido en la tele. Aparcó el coche calle abajo, así andaba un poco, al llegar a su portal vio una chica sentada en él. A medida que se acercaba la silueta de la muchacha le parecía familiar. Cuando se acercó, notó como se sonrojaba, era ella. ¿Qué haría allí? Estaba sentada en las escaleras del portal, con un gran libro entre sus manos.

- ¿Paula?

- ¡Carlos!, no te vi llegar.

- Claro, con ese libro entre las manos. – sonrió al comprobar que no había cambiado nada.

- ¿Y qué haces aquí?

- Pues, he venido a verte.

- ¿A mi? ¿Cómo has sabido dónde...- abandonó la pregunta al ver la cara de ella, esos ojos, esa mirada que tantas veces había visto, esa sonrisa, realmente le daba igual cómo le había localizado, lo único importante es que lo había hecho.

- Tenía algo que decirte, espero no molestarte.

- ¿Tú nunca molestarías? – volvió a sonrojarse y por un momento ella también.

- Oh gracias, la verdad es que vine para enseñarte algo – aquella frase pilló a Carlos por sorpresa.

- Ah, ¿si?- dijo intrigado- ¿el qué?

- Esto. – dijo ella levantando ligeramente sus pantalones, dejando ver dos calcetines idénticos de color verde.

lunes, 25 de octubre de 2010

Después de que aquel rubito me pusiera ojitos y me dijera: “Tía Ana, ¿me llevas al parque?” claramente no me pude negar. Y sí, me lo llevé al parque. En qué hora. No sé si habéis ido recientemente a un parque infantil, esta mañana comentándolo con los compañeros del trabajo me han dicho que existen parques delimitados para cada edad (creo que en mi pueblo esas modernidades no han llegado), pero eso sí, parques futuristas han llegado.

Muy cerca de mi casa hay un pinar, con un par de zonas acotadas de juegos, ahí empezó mi tortura, y es que el rubio, al ver que no había demasiados niños se empeñó en que me subiera con él a los columpios. No era demasiado difícil, eso sí, me metí por un tubo que dí gracias que nadie mirara porque una tía como yo metida en un tubo… era para verme.

Como el rubito no para, le llevé a otro parque, ahí empezó mi error. Desde fuera, cuando paseas no te das cuenta del parque en sí, tan solo lo ves por fuera. Cuando llegamos, comenzó la odisea. Por fuera era un barco, la verdad que supermolón (sí, desde que soy profe de funky hablo así (si, volvía dar clases de funky)). Pero por dentro... ay… por dentro... Tortura china!! El barco en cuestión estaba lleno de asideros y hierros por un lado buenísimo para los niño, eso sí, niños ninja. Porque si a mí, que tengo las piernas y brazos más largos me costó la vida, a un niño, porque esas barras, llegan siempre a las zonas nobles, con lo cual me iba dando un frote a medida que pasaba de un sitio al otro del barco, que en un día de necesidad vendría de lujo…

Tras subirnos como pude, al barco descubrimos un megatobogán, y al querer tirarnos por más que buscábamos no encontramos la escalera, tras un buen rato descubrimos que en vez de escaleras había un rocódromo!! ¿Pero cómo les extraña luego que los niños prefieran la DS? Si para jugar allí hay que ser como poco Gervasio de Fer. Tras darme por vencida convencí a mi sobrino para ir a una construcción cercana y para niños más pequeños, eso si, igual de atletas. Ahí temí por mi vida un par de veces, pues pretendía meter las piernas por donde la cabeza y claro, terminaba siendo un butiburrillo algo extraño. Pero conseguí jugar y reírme y divertirme como una enana, con la sensación de Alicia en el País de las Maravillas sacando piernas y brazos de una pequeña “caseta”.

Creo que el próximo día le pido a mi sobrino que me lleve al parque.

lunes, 18 de octubre de 2010

Mi primer año!!

Así comencé un 15 de Octubre de 2009


Me gusta...
Pues ya tengo blog, parece que solo faltaba yo... para empezar…esta primera entrada será para que me conozcáis algo más... por ello os contaré algunas de las cosas que me gustan...
Me gusta ver llover a través de una ventana, me gusta reír a carcajadas, la sonrisa de un niño, una mirada picarona, los chistes sin gracia, cantar (a pesar de lo mal que lo hago), que me llegue un SMS, un piropo, Tú, leer, comer pipas en un parque, las tardes absurdas, la gente inteligente, hacer manualidades, un email escrito solo para mi, "pegarme" con mis hermanos, la sonrisa de un adulto, un "te quiero", hacer reír, mi carrera, el cine, esos "books" de fotos sin sentido con mis amig@s, La Musicalite, los monólogos, Mister Potato, las pinturas de colores, el sabor de la fresa, un abrazo sincero, un sólo beso, jugar a ver las formas de las nubes, sentir que me adoras, notar el sol en la cara, irme de cañas, escribir...




Y,por ahora… creo que os he dicho muchas cosas... aunque... me encantan muchas más y no soporto algunas otras.

Ha pasado un año y a pesar de que todas esas cosas me siguen gustando, o casi todas. Jamás haría ese post.

Un año en el que os agradezco a cuantos habéis perdido el tiempo leyéndome, la mayoría casi obligados por la relación que tenemos, lo admito :P

Un año en el que me han pasado muchas cosas, de algunas os he hecho partícipes. He terminado la carrera, se ha casado mi hermana, quedé tercera en un concurso de escritura, más cosas que ni yo recuerdo y otras que no me gustaría tener que recordar.

En definitiva… que un añito.

viernes, 15 de octubre de 2010

Llevo unos días que a todas horas tengo frío, y la verdad empiezo a plantearme si realmente es frío o ausencia de calor.


Pd. Sí, ya  actualizaré...

martes, 12 de octubre de 2010

Pipas Peladas

Hace años vacilábamos a mi primo diciéndole que las pipas peladas las pelaba una señora anciana sin dentadura (supongo que para darle más asco) chupeteándolas, conseguimos que estuviera un tiempo sin comer pipas peladas.


Acabo de descubrir cómo se pelan. Mi padre tiene razón, internet lo sabe todo.

No hay nada como estudiar para que salgan a flote mis dudas absurdas.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Fama.. a bailar!

Si, hoy he dado clase de Funky, bueno, debo confesar que dar, lo que se dice dar...no. Supuestamente yo era la profe. Entre nosotros, nunca bailo si no llevo alcohol en la sangre. Soy completamente arritmica, tanto que a veces cuando canto con los peques aquella de soy una taza... termino por no bailarla pensando la poca gracia que tengo.

La cosa es que necesitaban urgentemente alguien para la clase de funky (no sé si lo escribo bien) y yo necesito dinero, y esa confluencia de necesidades me ha llevado a dar clase. Como no me daba tiempo a emborracharme y verme un par de videos del youtube de Rafa de Fama, me he conformado con intentar ir disfrazada un poco, todo lo que llevaba era ropa mía, pero que gracias a (un señor todopoderoso) no junto normalmente. Pañuelo de.. umm leopardo albino (sí también puse cara rara cuando me lo regalaron), camiseta de eva nasarre, (con medio hombro fuera) Pendientes de aros rojos (si, tuve un mal día cuando los compré)  y actitud, sobretodo actitud.
Nada más llegar las niñas me han identificado (se ve que mi disfraz era eficaz) de modo que he cogido una radio (si, ni tenía música para el momento) y tras llegar al gimnasio he decidido elegir a una voluntaria para explicar los calentamientos, y algunos pasos de bailes de otros años. (Ya que yo, no tenía ni idea) ellas me han pedido nuevos pasos, pero algando que yo solo iba a ir ese día, y que si les enseñaba pasos nuevos no podrian practicarlos y acabarían liandose más, las he convencido para no hacer ni un paso.
Lo mejor es que se creen que realmente bailo un montón de funky, yo, la que un día dijo " La verdad no distingo el poping (foneticamente escrito) ni el loking, ni el fuking (si, follar, me enteré de que era follar rato después)
En fin, que si, a partir de ahora las niñas se cruzarán conmigo por el pueblo y dirán, mira la profe de funky (ya han empezado esta tarde)
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5 cosas buenas del día:
Vi a Tamara y su barriguita.
Me crucé inesperadamente con Xivi.
Me han dado alguna horilla más para esta semana.
Compartí un rato con ellas y ellos.
Ya tengo mi cheque!!

domingo, 3 de octubre de 2010

Qué fácil es defraudar

Qué fácil es defraudar, qué poco nos cuesta poner ilusión en alguien y qué fácil es hacerla desvanecerse. Soy impulsiva, muy impulsiva a veces me sorprendo la velocidad por la que mis pensamientos salen por la boca. Esta vez, me he calmado. Tal vez porque los demás estaban más nerviosos que yo. Tal vez por no hacerla sufrir más. No obstante llevo tres horas deseando gritar a alguien en su cara. Soltarle todo cuanto pienso de él, ella y de todos. Pero no lo haré. Lo he prometido, a pesar de no sé cuanto más aguantaré la promesa.
No hago más que darle vueltas a dos frases en mi cabeza.¡Eres un mierda! ¡Que te den por el culo!. Jamás podré decirlas.

En fin, gracias Gilipollas porque si antes me costaba concentrarme para estudiar, evidentemente ahora, me cuesta el triple.

Pd. Y si alguien más piensa defraudarme que se baje ya de mi corazón que si se tira en marcha me hará más daño.
Pd. ¡Perdón por las palabras, perdón por la entrada, pero ya que no lo puedo gritar, al menos permitidme escribirlo! Y no os preocupeis, no lo leerá.

viernes, 1 de octubre de 2010

Recorriendote

Cada noche más o menos sobre la misma hora, me busca, y yo, me dejo encontrar. Me dedica un rato, juntos y solos, sin ruido ni prisas ni molestias. Desde que nos conocimos supe que nuestra relación tendría un final marcado por el tiempo, aun así, no me importó y decidí vivir junto a ella esta experiencia. Poco a poco ha ido dando sentido a mi existencia, tanto que ahora no podría vivir sin ella.


Se que no soy ni seré el único en su vida, no me importa, porque sé que me busca cada noche y tan solo con eso, me sirve. Durante un rato soy suyo, y ella toda ella, mía.

Sin mediar palabra irrumpe en mi sosiego, me seduce con su mirada, a veces aparece tras una relajante ducha, tan solo lleva una toalla. Sexy es la única palabra que me viene a la mente para describirla. Se sienta junto a mí, poco a poco deja caer la única prenda que nos separa, tímida pero segura. Otras veces me busca vestida, y lentamente se despoja de todo, para mostrarse ante mi tal cual es.

En las noches más frías requiere mi calor, me acaricia suavemente con sus sedosas manos, calentándome a gran velocidad, el contacto con su piel me calienta rápidamente, entonces ella me permite tocarla, suavemente, lentamente. Recorro cada rincón de su piel, cada escondite, cada detalle, perfecto o imperfecto, a mí me da igual, mientras que sea ella. Noto cómo tras mi paso su piel se suaviza, se deja querer a medida que me deslizo entre ella. Me gusta empezar por los pies, acariciar sus dedos, después y poco a poco subo por sus moldeadas piernas, me esperan ansiosas, lo noto. Les dedico los minutos que se merecen para seguir ascendiendo, sus muslos tímidos me permiten seguir tocándola, cada vez más humedecida, más suave, mi olor y su olor comienzan a unirse, a crear uno nuevo, dulce, rico.

Continuo mí recorrido por su cuerpo, jugueteo con su ombligo, con sus caderas, me entretengo en sus pechos, suaves, turgentes, sus brazos, su cuello, todo, lo busco y lo quiero todo. Hasta que conseguimos ser uno, un olor, un sabor, una textura.

Sé que no durará mucho este placer, me estoy consumiendo, demasiado rápido tal vez. Calculo como máximo un mes. Después me sustituirá, y yo pasaré a ser un mero recuerdo en su piel. Un nuevo Bodymilk pasará junto a ella las noches.

Me acompañan...