A ver qué encuentras...

lunes, 25 de octubre de 2010

Después de que aquel rubito me pusiera ojitos y me dijera: “Tía Ana, ¿me llevas al parque?” claramente no me pude negar. Y sí, me lo llevé al parque. En qué hora. No sé si habéis ido recientemente a un parque infantil, esta mañana comentándolo con los compañeros del trabajo me han dicho que existen parques delimitados para cada edad (creo que en mi pueblo esas modernidades no han llegado), pero eso sí, parques futuristas han llegado.

Muy cerca de mi casa hay un pinar, con un par de zonas acotadas de juegos, ahí empezó mi tortura, y es que el rubio, al ver que no había demasiados niños se empeñó en que me subiera con él a los columpios. No era demasiado difícil, eso sí, me metí por un tubo que dí gracias que nadie mirara porque una tía como yo metida en un tubo… era para verme.

Como el rubito no para, le llevé a otro parque, ahí empezó mi error. Desde fuera, cuando paseas no te das cuenta del parque en sí, tan solo lo ves por fuera. Cuando llegamos, comenzó la odisea. Por fuera era un barco, la verdad que supermolón (sí, desde que soy profe de funky hablo así (si, volvía dar clases de funky)). Pero por dentro... ay… por dentro... Tortura china!! El barco en cuestión estaba lleno de asideros y hierros por un lado buenísimo para los niño, eso sí, niños ninja. Porque si a mí, que tengo las piernas y brazos más largos me costó la vida, a un niño, porque esas barras, llegan siempre a las zonas nobles, con lo cual me iba dando un frote a medida que pasaba de un sitio al otro del barco, que en un día de necesidad vendría de lujo…

Tras subirnos como pude, al barco descubrimos un megatobogán, y al querer tirarnos por más que buscábamos no encontramos la escalera, tras un buen rato descubrimos que en vez de escaleras había un rocódromo!! ¿Pero cómo les extraña luego que los niños prefieran la DS? Si para jugar allí hay que ser como poco Gervasio de Fer. Tras darme por vencida convencí a mi sobrino para ir a una construcción cercana y para niños más pequeños, eso si, igual de atletas. Ahí temí por mi vida un par de veces, pues pretendía meter las piernas por donde la cabeza y claro, terminaba siendo un butiburrillo algo extraño. Pero conseguí jugar y reírme y divertirme como una enana, con la sensación de Alicia en el País de las Maravillas sacando piernas y brazos de una pequeña “caseta”.

Creo que el próximo día le pido a mi sobrino que me lleve al parque.

6 comentarios:

  1. Uhmm, te gustan los columpios? A mí no!! Tienen mucho peligro, además que soy de lo más patoso que te puedas imaginar, claro. Hubiera pagado por verte dentro del tubo, jajaja.

    Un besazo, reina.

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  2. Más cómico que el tubo era eso de la casetilla.. no cabía!!! intenté entrar de espaldas y entró todo mi cuerpo menos la pierna , un show...

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  3. jajajaja lo que me he reído.
    a mi me encantan los parques!

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  4. "Esos locos bajitos" son la hostia. Yo los tengo alrededor desde que yo mismo era uno y a veces te sacan de tus casillas, pero... ¡me encantan!

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  5. Pues sí !!!!!!!!!!!!!!!!!
    Los locos bajitos somos la ostia.
    Empiezo a pensar que nos conocemos...

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