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lunes, 24 de mayo de 2010

El café

Tengo este escrito de hace unos cuantos muchos días, pero nunca termino de escribirlo. Sé que dije que no volería a colgar nada , una de mis características es la incoherencia. Pero creo que al colgarlo me obligo a terminarlo.

Vivo en una calle concurrida, bastante concurrida, de una de las ciudades más bonita de España. Mi calle está llena de tiendas pequeñas y tascas, el barrio es gris y no por falta de luz sino por la falta de cuidado, la contaminación y el paso de los años. No es una calle demasiado ancha, pero aun así, siempre hay gente en ella.

Yo llevo unos 10 años viviendo aquí, desde el momento que puse el primer pie en el barrio supe que no me marcharía jamás.
Mi edificio, para no desentonar con la calle también gris, creo que al principio la pintura debía ser más clara, pero ahora está en sintonía con el barrio. El bloque es pequeño y acogedor a pesar de que por fuera su estética no es muy atractiva. No somos muchos vecinos, tan solo dos por planta y hay tres plantas.
Yo vivo en el tercero, sin ascensor (esto lo digo simplemente para quejarme, ya que a veces creo que me quedo corta soltando improperios mientras subo y bajo a por las bolsas de la compra del mes)
La relación con los vecinos es casi familiar, la mayor parte de ellos son mayores, tan solo vive una familia con niños y ni que decir que esos niños son mimados por todos. Después de ellos la más joven soy yo, a pesar de que hace unos años que cumplí los 30. (Me niego a confesar mi edad, aunque diré que no llego ni de lejos a los 40).
Mi apartamento es pequeño, pero para mi, es perfecto. Lo elegí por la calle, me enamoró nada más llegar. Lo mejor que tiene es un gran ventanal en salón y al ser un tercero por las mañanas entra un sol activador. El resto es pequeño, pero alegre. La cocina y el salón están separadas por un pequeño arco que uso de barra (sobretodo cuando me creo cocinera e invento recetas). Ambos decorados con tonos rojos y blancos. Mi cuarto es mi pequeño rincón, y pequeño es literal, tan solo me cabe al cama y un armario, pero esto no ha impedido que el cuarto tenga mi personalidad. Está lleno de fotos de mi vida, desde que nací hasta ahora, amigos, mi madre, mis primos, así jamás me siento sola. A menudo cuando los echo de menos solo tengo que tumbarme y mirar sus fotos, recordando mil anécdotas de cada una. Pensaréis que por qué no me cambio de casa, pues simplemente porque esta me encanta.
Debajo de mi casa hay un bar. Es el típico bar pequeño que pasa desapercibido. El dueño es Don Mario. Es un gran hombre, quedó viudo hará unos 5 años y desde entonces prácticamente vive en el bar, y yo, que desde el momento en el que probé su café tampoco salgo de él.
El bar es pequeño, tiene sillas de madera con mesas de hierro y la parte superior de granito las paredes están pintadas de color salmón y en todas ellas tiene colgadas antiguas fotografías de la ciudad, es curioso e incluso complicado intentar averiguar qué calle era, la ciudad ha cambiado muchísimo en estos años. Generalmente me siento en la mesa del fondo, es la mas tranquila. La gente no la elige porque está junto al almacén y en invierno hace más frío de lo normal. A mí, no me importa, yo estoy bien allí, no soy friolera y la tranquilidad que me aporta esa mesa, me gusta. Allí paso largas mañanas o tardes, dependiendo del tiempo que le pueda dedicar. Leo, escribo, observo a la gente del bar, hablo con Don Mario, pienso, cualquier opción es buena desde mi rincón y con un buen café.
Don Mario debe rondar los 60 años, el poco pelo que ya le queda es canoso, tiene un pequeño bigote que más que otra cosa le da carácter, es alto y esbelto y siempre va de punta en blanco. Su voz es fuerte y cálida a la vez. Siempre que atiende a alguien lo hace con una gran sonrisa, incluso cuando murió su mujer tenía una gran sonrisa en la boca, aunque muchísima tristeza en los ojos.
Cuándo Don Mario pasa por mi mesa para dejarme el café, se sienta un rato conmigo. En 10 años hemos mantenido muchísimas conversaciones, al principio eran todas vanales, pero poco a poco han ido siendo más interesantes y personales. El sabe que a mí me gusta leer y cuando llego siempre me ofrece el periódico, al servirme el café me pregunta mi opinión sobre alguna noticia, le encanta discutir conmigo. A pesar de que creo que en el fondo piensa igual que yo.

Hace unos años le pregunté si echaba de menos a su esposa

- Mario.. - Le llame con algo de timidez

- Dime niña. - Me contestó al tiempo que se sentaba junto a mi.

- ¿Echa mucho de menos a Isabel?

- Cada día de mi vida. - Me dijo el conteniendo las lágrimas, yo alargué la mano hasta que agarré la suya con fuerza.

- Y.. ¿nunca pensaron en tener hijos?

- Mi Isa no podía.

- ¿Le habría gustado ser padre?- él me miró más serio que nunca, después me sonrió y contestó.

- Me habría encantado una pequeña o pequeño con la cara de Isabel, para poder recordar cada día cuanto la quería.- su respuesta me sorprendió tanto que me sonrojó, él se dio cuenta, y me sonrió con dulzura, me besó la mano, se enjuagó las lágrimas y dio una voz para saludar a un nuevo cliente que entraba.

Don Mario es mi padre, él no lo sabe. Yo hace 10 años vine para decírselo pero cuando conocí a Isabel me dí cuenta de que si lo hacía simplemente les haría daño. Por ello cada día intento pasar al menos un rato con él.

5 comentarios:

  1. Quéeee??!! Es su padre?? Cómo es eso? Qué pasó? Niña, así no lo puedes dejar, eh? Y luego todo son halagos para mí. Pues perdona que te diga, so patética, que sepas que escribes de lujo. Yo también me he metido en la historia, he imaginado cada rinconcito que has descrito. Espero que la historia tenga continuación!! Me alegro que hayas vuelto a colgar tus escritos, no nos prives de ello, por favor. Besazos Reina.

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  2. Ummmmmmmm, muy interesante. Quiero la segunda parte, aunque esta podría ser perfectamente la primera y la última.

    Me ha encantado imaginarme el barrio... sería Lavapies, Malasaña. Sí... para mí los barrios con mayor encanto de Madriz.

    Me he imaginado todo a la perfección, por esa gran descripción y hermoso trama.

    Acábalo.
    Un besino.

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  3. No puede acabar asi... tienes que acabarlo...

    Me ha encantado,creado curiosidad y enganchado...

    Espero el final preciosa

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  4. Pero mira que subis a una el ego eh. Me alegro de que os guste y sí Pau, estaba inspirada en esas calles .. ya sabes, nuestro Madriz.
    Y si, terminaré.. tiempo al tiempo..
    Besos a las tres, pavonas

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  5. Te prometí que lo leería hace días y hasta ahora... Soy un peor!!! Pero bueno, ya lo he ledio, y me ha encantado, sobretodo el final, la verdad para mi ha sido una sorpresa, para anda previsible.

    Sigue escribiendo, no lo dejes.

    Un beso

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