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lunes, 22 de febrero de 2010

Clara

   A Clara le encantaba leer, era su pasatiempo preferido, más aun que jugar con las muñecas , a rayuela o incluso el escondite. Sus compañeras de clase no entendían por qué le gustaba tanto, para ellas leer entraba en la categoría de “deberes” y por lo tanto, algo aburrido. En cambio, Clara consideraba la lectura como una diversión, leer le permitía dejar volar su imaginación, podía vivir mil y una aventuras, convertirse en un chico, en una chica, y hasta en un dragón si quería, solo dependía de quien fuera el protagonista de la historia.


   Clara era una niña algo menuda para su edad (exactamente 7 años y 8 meses), sus ojos eran grandes y redondos de color azul y su pelo naranja, siempre lo llevaba recogido en dos grandes trenzas para que éste no le molestara al leer, sobre sus mejillas se posaban un gran número de pecas, sus manos eran pequeñas pero firmes. A diferencia de la mayoría de las niñas pelirrojas a Clara le encantaba serlo y le chiflaban sus pecas. En colegio a veces se reían de ella por ser diferente, pero a Clara le encantaba ser diferente, los protagonistas de sus cuentos siempre tenían algo que les hacía diferentes al resto.
   Pasaba muchas horas leyendo, mientras desayunaba, al terminar los deberes e incluso muchas noches cuando sus padres la creían dormida ella seguía leyendo con una pequeña linterna y bajo las sábanas, para que la escasa luz que concedía la linterna no le delatara.

   Como las preferencias de Clara no tenían mucho que ver con las del resto de niñas de su edad, ella apenas tenía amigas, en realidad, no tenía ninguna. Al principio sus compañeras de clase la invitaban a jugar en los recreos y ella rehuía la invitación para pasar todo el recreo enfrascada en algún cuento o metida en la biblioteca buscando algo nuevo para leer.


   En su cuarto los juguetes brillaban por su ausencia y no por que sus papás no pudieran costearlos, sino porque siempre que alguien le preguntaba a Clara qué quería de regalo, ella respondía que un libro, de modo que en las paredes de su cuarto podían verse grandes estanterías repletas de libros diferentes, por tener buenas notas, por su cumpleaños, por su santo, etc.


   Un domingo por la mañana cuando Clara se despertó vio las estanterías de su habitación vacías, no había ni un solo libro. Instintivamente miró a la mesilla y tampoco encontró el libro con el que se había quedado dormida hacía unas horas. De un brinco salió de la cama y corrió al cuarto de sus padres. Sobre las mesillas tampoco estaban los libros de papá y mamá, atravesó el pasillo como un rayo y se dirigió al despacho de papá, ni rastro de aquellos tomos de medicina que tanto le gustaban a papá. Desorientada decidió ir a la cocina en busca de un vaso de agua. Estaba bebiendo agua cuando se dio cuenta de que tampoco estaban los libros de cocina. ¿Qué había pasado? ¿Dónde estaban los libros? ¿Les habían robado todos?

6 comentarios:

  1. Yo podría bien perfectamente ser esa niña, solo fallo por el color de pelo y los ojos, que yo soy más simple. Cuantisimo me mola... quiero saber que ha pasado con lo libros por favor!!!

    Ansiosa me hayo y que sepas que yo estaría angustiadisima si se diese el caso.

    ¡Terminala!

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  2. jajajajjajaja va para largo.. aviso... no va a ser de dos folios como las otras...

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  3. jajajajajjaa yo como mucho te hago una sinposis .. como en las pelis..

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  4. Estoy igual... quiero saber YA qué ha pasado con sus libros...

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  5. Yo, de mayor, quiero tener la habitación más grande de mi casa repleta de estanterías con libros que he leído. Me daría un infarto si me pasara lo mismo que a Clara, por dios!! Y ahora qué? Cuánto tardas en escribir el siguiente capítulo, vengaaaaaa, date prisaaaaaaa!! Un besito.

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