A ver qué encuentras...

lunes, 1 de febrero de 2010

Abuelos


Siempre me gustó ir a casa de mis abuelos. No sabría decír cuantas horas he pasado allí, cuántas historias me han contado. Miles de risas y lágrimas en aquel salón. Su casa es pequeña, nada más entrar hay una pequeña entradita, de ella sale una puerta, la de su cuarto. Nunca he entrado, la respeto demasiado, alguna vez mi abuela me ha llamado estando ella dentro y yo simplemente he asomado un poco la cabeza para saber qué quería. No entiendo porqué ese respeto, pero lo tengo.

Junto a la puerta hay un cuadro de algún Papa que yo, no reconozco, mi abuela no sé si es creyente o simplemente es costumbre, frente al cuadro un pequeño mueble con un tapete hecho por ella y sobre él fotos de sus nietos, somos muchos y por ello tiene fotos por toda la casa.
Una vez pasada la entrada, se encuentra el salón, pequeño (como la casa) y acojedor, tiene una gran mesa de comedor, ocupa más de medio salón, un pequeño sillón y un sofá , estos están junto al balcón. Ése es el rincón preferido de mi abuelo. Y el mío. Me encanta sentarme a su lado, juntos vemos cualquier cosa en la tele, a la gente pasar por la calle, jugamos al mus, al ajedrez y sobretodo hablamos. Mi abuela, siempre anda dando vueltas por la cocina, sale y nos mira, mientras sonrie vuelve a lo suyo. Con ella también paso las tardes hablando, cocinando, lo que se tercie, pero mi abuelo.. es especial.
Una tarde después de que mi abuela curzase el salón con alguna excusa para vernos entró en la cocina, yo me giré y dije:


- Abu, ¿Tú cómo conociste a la abuela?


- Chatilla, ya lo sabes. - Siempre que se dirige a mí o a mi abuela nos llama Chatilla.


- A ver, sé que érais del mismo pueblo Abu, pero no sé más ¿Cómo conseguiste que la abuela fuese tu novia? Los dos sabemos que gasta un carácter...


Me miró con picardía y echó una fugaz mirada a la cocina, por si había movimiento y susurrando me dijo:
- ¡Y qué carácter tenía mi Chatilla!, esto no es nada. Pero bueno, si tanto te intriga Ana, te contaré la historia.


Carraspeó un par de veces, sacó un cigarro de su paquete lentamente y lo depositó en sus labios, ligeramente caido, con un ágil movimiento enderezó el cigarrillo y lo encendió, dió una larga calada, después me miro y comenzó:



La Chatilla y yo nos criamos en el mismo pueblo, por aquella época España estaba catastrófica, la gente se marchaba para trabajar en el campo y apenas venía al pueblo los fines de semana. Por ello de pequeños no nos vimos mucho. Fueron pasando los años y nosotros crecimos.
Un día, en el baile me fijé en ella, era la más seria, la más dura y arisca. Los chicos ni tan siquiera se le acercaban. Y muchos ni a sus amigas. Aquel día en el baile yo estaba con mi primo Paquillo, él quería bailar con una amiga de la abuela pero si mi Chatilla no tenía acompañante ella no podría bailar tampoco.
Ambas estaban al final del baile, hablaban entre ellas. La abuela llevaba un vestido rojo con flores pequeñas, el pelo ligeramente recogido en un moño con algunos mechones caidos. Paquillo saludó a la amiga de la abuela y ella sonrió, dijo algo fugaz a tu abuela al oido. Yo dí un paso hacia delante y saludé también, después le ofrecí mi mano a la abuela y le pregunté si quería bailar, sorprendentemente me dijo que sí.
Durante la primera canción ni hablamos. En la segunda nos preguntamos el nombre. Después dejamos de bailar. Por aquel entonces si bailabas más de una canción con una muchacha todo el pueblo comentaba al día siguiente que estabas interesado en ella.


Pasaron las semanas y en cada baile tu abuela y yo bailabamos un par de canciones, poco a poco nos fuimos conociendo. Siempre había pensado que tu abuela era una mujer dura, recia, con mucho carácter y arisca, poco a poco conocí a mi Chatilla, su sonrisa era dulce, su risa contagiosa, sus ojos hablaban por sí mismos. Empecé a pasar por su calle con excusas tontas solo para verla. (Sonrió recordándolo). Hasta que un día, me ofrecí para acompañarle a casa a la vuelta del mercado, ella llevaba varias bolsas y con esa excusa pude caminar a su lado. Un par de calles antes de llegar a su casa, la miré y le dije que me había cautivado, que estaba enamorado de ella y que necesitaba estar con ella el resto de mis días. Ella me miro y tímidamente sonrió, yo la besé y el resto.. ya lo sabes Ana. Así es como conocí a mi chatilla y desde entonces no me he separado de ella ni lo haré a menos que Dios lo quiera así.


Yo le sonreí e iba a decir algo cuando de pronto mi abuela cruzó el salón y con los ojos llenos de lágirmas nos preguntó si queríamos arroz o pasta para comer.


Ninguno dijo nada, pero se dijeron todo con la mirada.


Mañana voy a comer a casa de mis abuelos.

4 comentarios:

  1. Ois que bonito.. me emocionao y to.. enserio casi lloro..

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias, jo, yo no la veia tan bonita jajajaj pero gracias.

    ResponderEliminar
  3. Es muy bonita. Provoca añoranza en los que ya no podemos tener esa experiencia. O sólo a medias. En todo caso, siempre es una de las conversaciones más divertidas, saber cómo se conocieron los propios abuelos, o sus avatares de noviazgo, que para la época, la verdad no estaban nada mal. A pesar de los tiempos, todo era pelín movidillo. Es un momento muy bonito en la historia de cualquier adolescente, porque es cuando empiezas a caer en la cuenta de que tus abuelos no son ni más ni menos que jóvenes chavales ilusionados, pero con pelín más de edad que la de uno mismo...

    ResponderEliminar
  4. Cierto...que grandes son los abuelos y que pena olvidarlo a veces...

    ResponderEliminar

¿Qué pasa con tu rollo?

Me acompañan...