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viernes, 25 de diciembre de 2009

..Sucesión de errores.

Le observé un rato, en silencio. Era joven, casi tanto como yo, con un elegante traje auque arrugado y algo sucio. Un corte de pelo bonito, pero sin peinar, una piel cuidada sin mimos recientes. Con ojeras, barba de pocos días y los ojos tiernos.


Le pregunté quién era y qué hacía allí.


Me explicó que no nos conocíamos, pero que aquel día salió a pasear para despejarse del intenso día de trabajo, le llamó la atención que caminase sin rumbo y algo dentro de sí le hizo pensar que aquello podría traerme pésimas consecuencias (no se equivocaba).


Él vio como aquellos hombres se acercaban a mí y antes de que me tocaran llamó a la policía.


Me contó que todo había sido muy rápido, me desmayé y ellos aprovecharon para golpearme la cara con fuerza usando la excusa de intentar despertarme, según decía uno mientras se carcajeaba si estaba desmayada no tenía gracia, no podría luchar como una gatita.


Con el primer golpe, él corrió a socorrerme y en aquel instante empezaron a oírse las sirenas de la policía. Aquellos miserables me golpearon un par de veces más el cuerpo, por la rabia de no haber concluido su fallido plan. En ese momento los coches de policía llegaron a su alcance, ellos comenzaron a correr en diferentes direcciones, los policías les siguieron, me contó, que afortunadamente tres calles más abajo consiguieron detener a todos.




Él se quedó a mi lado, llamó a la ambulancia y estuvo junto a mí en todo momento, el traslado hasta el hospital, mi noche en observación y hasta ahora, en mi cuarto.




No pude decir nada, y no por el dolor de mi garganta, sino por el dolor de mi corazón por todo, por no darme cuenta de esos errores, y por considerarle a él un error más. Mis ojos se llenaron de lágrimas y alargué mi mano para tocar la suya. Era cálida y segura aunque se atisbaba un leve temblor.


Pasaron los días y él venia a visitarme cada tarde al salir del trabajo, y se marchaba el último, siempre tenía que entrar la enfermera con cara de mustia recordándole el horario de visitas que él había sobrepasado en una o dos horas.


Días después salí del hospital. Él se ofreció para llevarme a mi casa. Una vez conocido el camino acudía cada tarde a hacerme compañía, quedándose incluso alguna vez a dormir y bueno, el final es de esperar. Él paso a ser mi ÉL.





PD: ¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!
PD: acabó la historia y con ella la tortura de leerla..jajajajaj

2 comentarios:

  1. Feliz Navidad, carapinchooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo.
    Bezotezzzzzzzzzzz

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  2. Jajajajaja umm si no sabia que me leias... un besito loco

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