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martes, 22 de diciembre de 2009

Sucesión de errores..


Realmente, era tarde. Detrás de mí, oí unas voces. No distinguí que decían, solo gritos, palabras sueltas “putita”, “culo” y carcajadas que me empezaban a dar nauseas.

Supongo que intuí lo que me esperaba. Por ello la angustia se apoderó de mi cuerpo, mi corazón, intento huir entre mis labios y mis pulmones mantenerse ocultos sin respirar.
Cada vez oía los gritos y las voces más cerca, pero extrañamente los sentía más lejos, como si mi alma consiguiese así alejarse y coger perspectiva de lo que veía.

Noté como tiraron de mi cintura hacia atrás, acercándome a un cuerpo extraño para mí. Oí esas carcajadas en mi oído, con un desagradable susurro “Déjate puta, te va a gustar”, en ese momento llegaron los demás. Oí más risas a mi espalda y más manos sobre mi cuerpo. Intentaban arrebatarme la ropa, uno de ellos se plantó frente a mí, me miró con severidad en los ojos, como un cazador cuando consigue enfrentarse a su presa. De un solo manotazo me rasgó la camisa, después se acercó más a mí y con su áspera lengua y alcoholizado aliento me lamió la cara.

Recuerdo que pensé “¡Es el final!” Mientras que cerré los ojos y mi cuerpo cesó de forcejear.


Lo siguiente que recuerdo fue una cálida voz de mujer, preguntándome si me si podía oírla. Le contesté que sí, y al hacerlo comprobé que mi cuerpo y mi cara me llevaban a un gran dolor, indescriptible, devastador. Volví a cerrar los ojos.

Dos días después los abrí de nuevo.


¿Sabéis aquellas imágenes de las películas, en las cuales alguien se despierta en una sala aséptica y blanca con una intensa luz sobre ellos y se desorientan aún más? Son ciertas, eso me ocurrió.

Intenté incorporarme levemente pero una mano masculina se posó en mi hombro ejerciendo una fuerza mínima, pero con suficiente firmeza para invitarme a volver a recostarme. Lo hice.

Una vez tumbada me giré hacia él. Él, uno de mis errores, el tercero, aquel desconocido que me siguió. Aun recordando aquello no me puse nerviosa.

Pd. El final otro día porque me ha quedado un poco churro..jajajajaj así disimula más.
No sé si porque era consciente de que estaba en el hospital, porque después de lo ocurrido nada podría ser peor, o tal vez fue su forma de mirarme.

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