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lunes, 14 de diciembre de 2009

Amigas

    Raquel siempre ha estado ahí para mi, siempre que la he llamado, ha acudido sin tan siquiera preguntar si quería que fuese, claro está que ella sabe que si me preguntase le diría que no. Soy demasiado orgullosa para pedir ayuda, pero ella está ahí, no sé cómo pero siempre llama en el peor momento, creo que de algún modo estamos unidas, así sabe cuándo debe llamarme para venir a estar conmigo.



    Aquella tarde Raquel me llamo, al notarme más seria de lo normal, decidió venir a verme aprovechando que mis compañeros de piso estarían fuera hasta tarde para así poder hablar tranquilamente.

    Estaba en mi cuarto, cambiándome de ropa, llevaba aun el pijama cuando ella me telefoneo. Me mire al espejo, semidesnuda, pensando que estaba hecha una piltrafa, ojeras, el pelo mal cepillado y seguro que había cogido algo de peso, ya apenas me servía el sujetador. Estaba observándome cuando el timbre sonó, cogí una falda limpia del cajón y la primera camiseta que encontré. Apoyada en el cerco de la puerta de la vecina de enfrente, encontré a Raquel con una sonrisa de oreja a oreja, me mostró una bolsa de plástico y con su característica sonrisa pícara dijo “Traigo provisiones”, abrí la puerta más aun, invitándola a pasar con un gesto educado.

   Como de costumbre, cogimos las “provisiones” un batido de fresa y una tableta de chocolate, nos sentamos en el sofá. Hablamos durante horas, perdí la cuenta cuando pasaron de tres, durante esas horas lloramos juntas, reímos, teorizamos e incluso ideamos planes para nuestros futuros inmediatos, más bien, para el mío.
    Llegadas a ese punto de la tarde ambas estábamos cansadas y nos acomodamos, ella se despojó de sus mugrientas zapatillas de deporte y colocó las piernas sobre la mesa, yo me tumbé a su lado, con la cabeza en su regazo sobre un cojín. Nos pusimos a ver la tele, no necesitábamos hablar más por el momento, pero sí necesitaba su compañía.

    Mientras veíamos la tele ella me acariciaba el pelo, suavemente entrelazaba sus dedos con mis mechones, llegando incluso a acariciarme la cabeza, aquello me relajaba muchísimo, en cierta ocasión rozo mi cuello, un pequeño escalofrió me recorrió la piel, ella lo noto, por un momento se puso tensa, pero volvió a relajarse. Yo, instintivamente acariciaba su pierna, sobre la cual estaba mi cabeza apoyada. Me sentía segura estando a su lado.
    Poco a poco bajó su mano por mis hombros, desnudos pues la camiseta que llevaba era palabrada de honor, sentí otro escalofrío pero esta vez ella no se puso tensa, la mire y me miro. Algo extraño me pasó, deseaba besarla, en ese instante fui consciente de los hermosos labios que tenia, de los grandes ojos. Creo que ella sintió ese mismo deseo. Lentamente me incorporé hasta llevar mi cara junto a la suya y ahí una frente a la otra, cerca a dos centímetros. Deseamos mutuamente besarnos y lo hicimos.


   Fue un beso distinto a los que había sentido hasta ese momento, fue dulce, cariñoso, delicado. A aquel beso le siguió otro, y otro. Después lentamente baje mi mano desde su cuello a su pecho. Cada centímetro que tocaba hacia que mi corazón de desbocara como un caballo loco. Al llegar a su pecho ella fue quien empezó a bajar la mano hasta llegar al mío. El roce de sus dedos sobre mi piel hacia erizarla, sentí escalofríos allí por donde ella paseaba sus dedos. Nos despojamos de las camisetas con algo de torpeza, al fin y al cabo no era algo a lo que estuviese acostumbrada, ni ella tampoco. Ya sin camiseta, nos acariciamos, nos besamos nuevamente y nos abrazamos sintiéndonos la una junto a la otra, el roce de su pecho con el mío hizo que nuestra respiración se acelerara. En ese momento Raquel bajo la mano, empezó a acariciarme las piernas, los mulos y poco a poco fue subiendo su mano. En ese momento empecé a tomar consciencia… ¿Qué hacíamos? ¿Por qué lo hacíamos? ¿Me gustaban las chicas? ¿Me gustaba Raquel? Delicadamente frene su mano que empezaba a jugar con la gomilla de mi ropa interior… la miré con cariño y lentamente le dije:

- Raquel, ¿tú, realmente quieres esto?
    En ese momento ella alzó la cabeza y me miró con los ojos más abiertos de lo normal, con una expresión extraña, desorientada. No sabía si iba a empezar a reír o a llorar. Me miro un minuto en silencio, tiempo que a mí, se me hizo eterno y creo que a ella también. Después miró su mano y la saco de debajo de mi falda. Ahí sentada la una frente a la otra, nos dimos cuenta de que no era lo que queríamos, de que no sentíamos lo necesario para poder dar un paso así. En silencio, ambas nos vestimos. Una vez terminamos me sonrió y con su alegre voz me dijo:
- ¿Vemos esa peli nueva que empezaba ahora?
- Claro - Sonreí yo a mi vez.

    Volví a tumbarme sobre su regazo y ella volvió a acariciarme el pelo.

    Nunca más volvimos a hablar de ello, nunca más volvimos a sentir el impulso de tocarnos de aquella forma. Seguimos viéndonos como siempre, y socorriéndonos mutuamente.

    Durante un tiempo me preguntaba que había pasado, si yo sentía algo por ella. O por las mujeres en general. ¿Por qué había deseado besarla? Supongo que simplemente ese día necesitaba cariño, mimos, amor, y ella me ofreció todo aquello de una forma tan natural que me dejo llevarme por mis instintos primarios.
    No me arrepiento de aquello que paso, porque ambas quisimos hacerlo. Al menos, hasta ser conscientes de lo que hacíamos.



Pd. Mi portatil ha muerto, de modo que un minuto de silencio por él... con él han desaparecido cosillas que tenía empezadas. No sé si actualizare prontito o no... porque en este que es compartido es más dificil.
Pd. No conozco ninguna Raquel y creo que es evidente que no es algo que me haya pasado a mi... o ¿alguna vez me habeis visto con falda? jajajajajaj eso deja más que claro que nooo me ha pasado jajaja.


3 comentarios:

  1. jajajjaja.. lo mejor la pD jajjaaja

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  2. Anónimo, que intriga que no sé quien eres...

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  3. Deberias haber probado... o deberia haber probado la protagonista de tu relato... o deberiais haber probado las dos... o solo una... Mmmmmm. Kien sabe?
    ;-)

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