A ver qué encuentras...

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Ella buscaba, se buscaba y no se encontraba...





Llevaba días sin encontrarse, sin saber porque, había perdido algo suyo, su chispa, sabía que estaba ahí, porque formaba parte de ella, para bien o para mal, la tenía, pero no conseguía encontrarla. Buscaba y buscaba sin encontrarla.


Más de uno le había dicho que las cosas a veces desaparecen y si las buscas no aparecen, es mejor dejarlas, que finalmente cuando menos lo esperas ¡zas! Las tienes frente a ti. Pero ella no tenía tiempo, necesitaba ya su presencia, volver a sentirla. Su personalidad.

Aquella mañana no supo porque, pero se despertó al alba, con los primeros rayos de sol.

Aun descalza recorrió la casa sigilosamente, a esas horas silenciosa, carente de vida, ¿Quién podría imaginar lo que esa casa era de día con ese silencio?

Cogió una manta del salón, de esas que había en el sofá y que tanto calor proporcionaba las tardes de domingo. Salió por la puerta trasera, ella vivía en una casa junto a la playa. Una de esas playas en las que desde primeras horas de la mañana la gente se apelotonaba para poder plantar su sombrilla y marcar así su territorio.


Salió directamente a la playa. La arena estaba fría casi tanto que parecía estar mojada, le calaba los pies, recorriendo cada detalle de su piel, tensando cada músculo de su cuerpo, erizando cada bello, esa sensación le encantó. Le hizo recordar que estaba viva, despierta. El aire le rozaba la cara como un frio beso en la mejilla. Recorrió los pasos hacia la orilla, enroscándose la manta al cuerpo, se dejó caer en la arena, lentamente mientras apreciaba lo que veía. Allí sentada permaneció largo rato, primero dando los buenos días al Sol, mientras salía, después a la Mar que le permitía salir de sus entrañas.


Ese momento fue suyo, solo suyo. Como el de todos, su día estaba lleno de quehaceres, que desgraciadamente no le permitían pensar, sentir, recordar, odiar, amar, olvidar…

Allí sentada en la orilla se permitió todo ello. Lloró, lloro como una niña, con ese hipo que muestra el dolor del alma. Lloró por aquello que había perdido, por no ser capaz de encontrarlo por más que buscaba.

Lentamente se puso de pie, dejó caer la manta a sus pies. Seguidamente se despojó de los pantalones y la camiseta. Una vez desnuda pensó en la Mar y en cómo había visto renacer ese día al Sol de sus entrañas. Se metió en la Mar, buscando su renacer para poder afrontar su nuevo día.

Pd. Recuerda, solo una charlatana.

3 comentarios:

  1. Pero una buena charlatana.....

    Todos necesitamos renacer cual ave fenix de vez en cuando, detenernos para coger impulso...

    Buen post.

    PRIMEEEEEEEEEEEEEEEER!

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  2. Vamos a ver...qué llegas de operarte del extranjero y se te sube a la cabeza...
    Y no me la llames charlatana que es un poco más. Creo que te has quedado corto!

    Mira Ana, está la opción de bañarse en el agua refrescante de la mar o que yo te de un guantazo. Ambas opciones molan, una porque tienes una casa en la playa y te bañas...pero la segunda mola porque vas a verme!y encima me voy a dar de leches...Sin duda, la mejor opción la segunda.

    Como siempre...fascinante.

    Pastel, como siempre los ultimos serán los primeros.

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  3. Vamos a ver.. Macoy... se te pira la pinza.. si quieres pegar a alguien queda con la niña de mostoles...y si tuviera playa cerca crees k tengo huevos a uno.. ir descalza con lo frio k ta todo.. y dos quedarme en pelotas? y tres.. bañarme? tu te crees k me esnifo pepinillos en vinagre??

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